22 de julio de 2024

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Céspedes: Independencia o Muerte

Aquel 27 de febrero el juego ciencia le daría su último adiós. De paño y chaleco, vestido y preparado su Telémaco para galopar, decidió volcar su saber en la última partida.

Céspedes: Independencia o Muerte

Bien conocida es la semilla libertaria que germinó en el alma del joven abogado y terrateniente bayamés Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, devenido precursor del primer estallido independentista de la historia de Cuba y epítome de ímpetu, libertad y fervor revolucionario.

Desde proclamar aquel memorable 10 de octubre de 1868, en detrimento del contexto colonial, la emancipación de sus esclavos y llamarlos a unírsele para luchar por la abolición y la independencia, La Demajagua marcó el inicio de un largo y difícil camino emprendido por el Padre de la Patria y del que aún hoy seguimos admirando y extrapolando experiencias.

Frases gloriosas como “Doce hombres bastan para alcanzar la independencia de Cuba” o “soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución”, el primer revés en Yara, la toma e incendio de Bayamo y la Asamblea de Guáimaro, entre otros muchos pasajes, convierten a la Guerra de los Diez Años en testigo directo del accionar revolucionario de este mayor general del Ejército Libertador y primer presidente de la República en Armas.

Para quien desde pequeño recibió clases de GramáticaLatínLógica y Ética, se graduó de Bachiller en Derecho Civil, obtuvo Licenciatura y Doctorado en Derecho, recorrió Barcelona, Francia, Inglaterra, Suiza, Turquía, Grecia, Alemania e Italia, no es de extrañar que dominara las lenguas características de estos sitios y viera, en la traducción, la narración, el periodismo, la crítica, la actuación, la literatura e incluso en la música, nuevos caminos para descollar su destreza académica y artística.

Legó al castellano algunos cantos de la epopeya latina La Eneida, escribió la comedia “Las dos Dianas”, un folleto simpatizante con la defensa del país, diversos poemas, entre ellos La Conchita y, junto a Francisco Castillo Moreno, la música de la pieza romántica La Bayamesa de José Fornaris, adjudicada como la primera del cancionero popular cubano.

Asimismo la traducción lo enlazó a otra de sus pasiones: el ajedrez, pues además de publicar en el periódico santiaguero El Redactor su versión en español del volumen francés Las leyes del juego de Ajedrez, según su ayudante personal, el coronel Fernando Figueredo Socarrás, llevaba las piezas y el tablero a través de la manigua y rara vez se permitía perder en los duelos.

El iniciador de las Guerras de Independencia encontró en este deporte un estratégico trasfondo para preparar las luchas insurreccionales, en la equitación la excusa perfecta para dotar a los jinetes de las mejores tácticas a caballo y en la esgrima la manera de instruir a los que alzarían el machete como el arma característica en la batalla, al tiempo que destacó en el baile, la gimnasia, la cacería de puercos cimarrones y la natación.

Aquel 27 de febrero el juego ciencia le daría su último adiós. De paño y chaleco, vestido y preparado su Telémaco para galopar, decidió volcar su saber en la última partida. El estupor mortal se avizoraba. Pertinaz rastreaba la cuadrilla española hasta que sorprendió al Padre de la Patria, quien desprovisto en comparación con sus atacantes fue herido y sucumbió agonizante al letargo final. Dispersas por el suelo del ajedrez sus piezas y por el cielo, cual estrellas, las virtudes de su ser.

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