20 de marzo de 2026

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Desvelo y compromiso en el Cuerpo de Guardia del Hospital Pediátrico 

Ese reconocimiento inicial resulta vital para la tranquilidad de los padres, quienes muchas veces llegan compungidos y contrariados ante el decaimiento que muestran sus hijos
Los rostros juveniles del personal médico del Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño esconden bajo la lozanía típica de esa edad un compromiso y responsabilidad a prueba de desvelos.
Allí un equipo de bisoños doctores reciben cada día a decenas y a veces hasta cientos de infantes con diversas patologías.
Ese reconocimiento inicial resulta vital para la tranquilidad de los padres, quienes muchas veces llegan compungidos y contrariados ante el decaimiento que muestran sus hijos.
La joven madre Yadiana Hernández carga a su niña Valentina en brazos. Llegó hasta el Cuerpo de Guardia remitida desde Jovelllanos. Observa con cierto beneplácito cósmo la doctora Doris Lauren Orbea ausculta a la bebé de seis meses.
Responde solícita a cada pregunta de la joven especialista. En breve su pequeña ingresará en la institución donde será estudiada minuciosamente para determinar si presenta o no un padecimiento neurológico.
La comunicación y trato entre el equipo y la progenitora ha fluido de tal manera que Valentina comienza a reír sin reparar en aquellas manos que la estudian, ni en el estetoscopio que recorre su diminuto torso.
De momento prorrumpe en un llanto que se extingue cuando sostiene en sus manitas un pomo de leche.
Minutos después llegará otra madre con rostro preocupado ante la fiebre de su hijo. La doctora Doris Lauren inicia un minucioso reconocimiento en el niño. Primero observa su garganta y luego los oídos. Le pide que aspire con fuerzas mientras coloca el estetoscopio en la parte superior de su espalda.
Este estudio clínico inicial no arroja anomalías en la salud del niño. Al rostro de la madre regresa la tranquilidad. Pactan una segunda visita para otro reconocimiento dentro las próximas 24 horas.
Así de ajetreado es el día a día en el Cuerpo de Guardia de esta importante institución de Salud. El reloj marca las 2:00 pm y la doctora recuerda que aún no ha almorzado.
No hace mucho, en una de esas jornadas intensas que se hacen habituales en el hospital, se dispuso a almorzar a las 6:00 de la tarde y la comida la efectuó casi a la media noche.
Existen días así que resultan agotadores ante la asiduidad de los pacientes. A veces la asalta el agobio, sobre todo cuando se enfrentan a incomprensiones y algún que otro maltrato por parte de los padres, que no llegan a reconocer del todo la valía y entrega de este personal médico.
La joven y su equipo comprenden que un hijo enfermo logra nublar la comprensión y entendimiento. Por eso prefiere conservar en su mente los momentos agradables, como la recuperación de un paciente.
«Los niños son muy agradecidos y tratarlos siempre será un placer, sobre todo constatar su recuperación a pesar de las tantas dificultades por las que atraviesa nuestro sistema de Salud».
No hace mucho le sorprendió gratamente el saludo de un infante que atendió hace ya algún tiempo.
«¡Doctora! ¿No se acuerda de mí?», le lanzó una voz infantil en una de las áreas de la instalación. Ella sonrió y tras el saludo de rigor intentó recordar. Solo después, cuando la mamá y el niño se habían alejado, rememoró de un tirón aquella noche cuando llegara con un grave padecimiento.
Verlo altivo y alegre, y recibir ese saludo afectuoso le llenó de un sano orgullo por la labor que realiza.
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Cuando tienen un rato libre, de esos escasos minutos de ocio que les brindan los turnos en Cuerpo del Guardia, el equipo conversa sobre los tantos temas que pueden surgir a esa edad: el más reciente estreno de Netflix o cualquier otro acontecimiento que logre distender las largas horas.
Sin dudas la añoranza por la cama de casa y un buen café ganará protagonismo.
«Somos grandes bebedores de café», aseguran.
Estos jóvenes poseen el rigor científico y la preparación necesaria para asumir su quehacer y enfrentarse a cualquier urgencia pediátrica.
Así lo reconoce la joven doctora Liz Beatriz Estupiñán, quien cursa el primer año de Psiquiatría Infantil y realiza la residencia en este hospital.
Al iniciar los estudios de Medicina nunca pasó por su mente estudiar Psiquiatría Pediátrica. Fue cuando comenzó a rotar por las diferentes instituciones de Salud como parte de su formación, que se enamoró de esa especialidad y también del hospital pediátrico.
«El flujo de trabajo es bastante intenso, pero me ha tocado un grupo excelente. El equipo de guardia me acogió muy bien y he aprendido muchísimo.
«Dentro de las tantas dificultades que enfrentamos cada día entregamos lo mejor de nosotros. He aprendido a ser tolerante y paciente, sobre todo a entregar amor a los niños y velar por su pronta recuperación que es nuestra razón de ser».
Y ese colectivo compuesto en su inmensa mayoría por jóvenes siempre rebosa alegría a la vez que asume cada tarea con responsabilidad y empeño, sin importar las carencias y una que otra incomprensión.
Permanecen allí, en el Cuerpo de Guardia, las horas necesarias, muchas veces enfrentándose al sueño y al cansancio, y desplazando el horario habitual de las comidas, inmersos siempre en la atención médica a los infantes que llegan a ese recinto para que una vez recuperados recobren esa sonrisa sana y inocente que tanto bien hace a la familia.
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