La farmacia del Pediátrico (+fotos)
El silencio quizás sea la peculiaridad más notable de la Farmacia del Hospital Pediátrico provincial Eliseo Noel Caamaño. Mas, en su interior, la laboriosidad se hace evidente cuando uno se va aproximando de a poco al recinto. Entonces se percibe un sonido acompasado e insistente, de un mortero golpeando en un recipiente de vidrio.
No es otra que Daniela Teresa Martínez, técnica en Farmacia, que desde el dispensario prepara una de las dosis que de un momento a otro será enviada a una de las salas de la institución hospitalaria.
La joven elabora un «papelillo», como le nombran a esos preparados donde se trituran y disuelven las tabletas según la dosis necesaria de los pequeños pacientes.
En otra área, Daniela Teresa Martínez, licenciada en Farmacia, y también joven, conoce de memoria el gavetero donde se hallan cada unas de los medicamentos. Apenas tiene que leer los nombres, se mueve como por instinto, porque ya sabe de memoria dónde se encuentra cada uno.
Un poco más allá, en una puerta a un costado de un largo pasillo central, permanece otra especialista, la licenciada Mirian Turró, al frente del principal almacén donde se conservan los insumos que requieren bajas temperaturas para su conservación.
Los pedidos se realizan desde los diferentes departamentos y salas hospitalarias del centro hospitalario.
Las cosas han cambiado en los últimos tiempos, y el déficit de medicamentos a veces golpea, para lo cual se crean alternativas.
«Pero ningún niño se deja de tratar, y siempre batallamos para lograr el tratamiento más efectivo con lo que tenemos en existencia», expresa una de las farmacéuticas.
Otra especialista pondera la solidaridad entre los diferentes hospitales, una dinámica de trabajo que ha permitido que donde no exista un medicamento determinado llegue con prontitud desde cualquier hospital donde sí exista.
Ellos también permanecen al tanto de las carencias de otros centros para ayudar en lo que sea posible.
Y como el silencio a veces se adueña del recinto, desde lejos se pueden escuchar las rueditas del carrito que impulsa Ángel Luis Canales. Se pudiera decir que es la bujía de la farmacia con vocación de Hermes, el mensajero de los dioses.
Este veterano de carácter afable es el encargado de distribuir desde las farmacia los pedidos de medicamentos hacia las diferentes áreas hospitalarias.
Nunca ha calculado cuántos kilómetros recorre en un día, pero son incontables las veces que se les ve de aquí para allá, transportando los pedidos. Y aunque prefiere las escaleras nunca habla de cansancio.
Disfruta cuánto hace por el óptimo funcionamiento del hospital, aunque no le hayan dicho con esas palabras exactamente, porque él no es muy ducho en el arte de la conversación.
Lo suyo, asegura, es trabajar, con el mismo tesón silencioso y anónimo, pero determinante que distingue a todo el personal de Farmacia.
