Los otros hombres de la Sierra
Sierra Maestra es sinónimo de lucha, de victoria, de Fidel, de Raúl y de todos los guerrilleros que en pos de socavar las fuerzas enemigas, entregaron su vida para que germinara la Revolución Cubana.
Durante el proceso revolucionario orquestado en la zona para alcanzar la liberación definitiva del territorio nacional, participaron otros hombres aguerridos que la sociedad no conoce pero que la historia guarda en sus páginas.
Reymundo Vinajeras Zamora, de 91 años y natural de Santiago de Cuba, es uno de ellos, y aunque sirvió principalmente como ayudante de cocina, se destacó su desempeño al momento de realizar encargos de corte militar.
A los diecinueve el guajiro emprendió su misión como defensor de los ideales independentistas, etapa que bajo los comandos del Ejército Rebelde lo nutrieron de valores como la resiliencia y la lealtad.
Uno de los combates que más recuerda Vinajeras Zamora es el de Guisa en 1958, donde se ocupó de asegurar la alimentación de la tropa.
Tras el triunfo revolucionario, se trasladó a la provincia de Matanzas donde reside hasta la actualidad, con el otorgamiento de responsabilidades como la de sanitario en el Cuerpo de Ejército de Matanzas del Comandante Orlando Rodríguez Puertas.
Asimismo, se mantuvo a cargo de inspeccionar todas las unidades militares de la provincia, y algunas de la capital, hasta el año 1966.
Como parte de los Comité de Defensa de la Revolución de la región, figuró como coordinador y presidente de zona, y posteriormente como Secretario de Servicio.
Pese a su integración directa con el movimiento revolucionario que se desarrolló en la cadena montañosa, nunca logró conocer personalmente a los hermanos Castro, cuya devoción todavía hoy honra.
«Me duele y todavía no pierdo la esperanza, así viejo como estoy, de que un día podamos finalmente estrechar las manos», expresó sobre su posible reunión con el General de Ejército, Raúl Castro Ruz.
El patriota santiaguero admira profundamente al Héroe de la República de Cuba, quien siempre demostró ser un fiel discípulo de su hermano mayor, Fidel.
El compañerismo de este líder cubano marcó la vida de Reymundo en una época donde apenas comenzaba a forjarse su carácter. «Cuando Raúl tenía un cigarro, fumábamos diez. Si éste comía un plátano, del mismo comíamos todos. Era parejo».
El período de guerrillas formó a grandes patriotas que con una labor intransigente dejaron en la memoria de la Patria una huella imborrable.
