Dos miradas al continente americano en un mismo espacio en Festival de Fotografía de Matanzas
La galería taller de Osmany Betancourt, Lolo, en Narváez, acogió la inauguración de dos muestras cuyas temáticas difieren, pero encuentran puntos en común en cuanto a la región donde suceden.
Terra, exposición personal del brasileño Anderson Coelho es un ensayo fotográfico que gira en torno a un eje común: la Amazonía como territorio de disputa, resistencia y transformación y contribuyen a la comprensión de ese gran y vasto territorio en Brasil.
“En ese trabajo buscamos mostrar un poco para el público cubano los conflictos y las distancias que vive la Amazonía, cómo son las personas, cómo viven, sus conflictos, la colecta de frutos de acaí, un fruto que es muy común en la región amazónica y que está dentro de una cadena de producción mundial.
“Busco contar la fragilidad de esas personas que tienen un tipo de vida orgánico dentro de la floresta. Pretendo con esta muestra presentar un poco lo que es la Amazonía con su mosaico de historias y situaciones”.
Según la curadora Caridad Blanco de la Cruz en las palabras al catálogo, “Coelho ha reconocido como la gran labor de su vida fotografiar la Amazonía. Su vínculo con ella lo llevó a adentrarse no solo en sus distintos territorios sino exponer, además, un cuidadoso bordado narrativo y visual, político, social y medioambiental, acerca de esa zona mayor de Brasil”.
Darien, nacida en uno de los lugares más inaccesibles del planeta y la selva tropical más densa e intransitable de la Tierra, “es un relato, al decir de Blanco de la Cruz, a partir de potentes imágenes sobre un tema en extremo sensible, como las migraciones humanas en la actualidad y la crisis que representan”.
“Entre 2021 y 2024 más de un millón de personas atravesó la selva del Darien. Miles murieron allí, pero muchos otros lograron llegar a los Estados Unidos y ahora tienen una vida en este lugar.
“La travesía puede tomar entre cinco, siete, tal vez diez días y es un peaje de dolor y de muerte en el que mueren personas arrastradas por las corrientes de los ríos, deshidratados, si te fracturas un pie y no puedes caminar te mueres porque no hay posibilidad de asistencia.
“Es un escenario muy difícil pero, para mí, es una muestra tanto de la tenacidad de las personas que deciden migrar como de la desidia de todo el mundo en voltear a mirar hacia otro lado, con personas que lo perdieron todo por buscar un sueño para ellos y para sus familias.
“Yo siento que Darien es solo una muestra de cómo la humanidad se hace de la vista gorda y trata de mirar a otros lados cuando tenemos hermanos y hermanas, seres humanos, sufriendo en otras latitudes”, reflexionó Federico Ríos Escobar, fotógrafo colombiano.
Darien surgió resultado de fotografiar durante cuatro años a miles de personas en su recorrido por uno de los itinerarios más peligrosos del mundo en busca de cambiar sus destinos, motivados por la falta de oportunidades, búsqueda de mejoras económicas, persecución política, violencia, opresión, guerras, desastres naturales, crisis de salud o catástrofes humanitarias en sus países de origen.
La expo, más allá del proceso del que muchos evitan hablar, mira al interior de las familias y personas que enfrentan situaciones extremas, desafíos físicos, peligros y adversidades indecibles en su afán por llegar a los Estados Unidos, en una carrera donde la esperanza se convierte en moneda de cambio ante el miedo, la desesperación, la sobrevivencia o la muerte.
Este sábado prosiguen las propuestas de FOTOCANÍMAR con la conferencia La imagen indisciplinada, de Ira Kononeco, en la ACAA y la proyección de los documentales Al otro lado de la esperanza, de Néstor Núñez y Cinco vistas de una realidad, de Leonardo Rego y Frank Batista.
El domingo cerrará el segundo capítulo de FOTOCANÍMAR con el taller La revolución inconclusa, a cargo del chileno Adolfo Mesías, en Cuarto Rojo, en la Oficina de Conservador, mientras que la clausura está prevista a las seis de la tarde en el café teatro Biscuit.
