La humildad detrás del Premio Nacional de Danza 2026
Aun cuando todos esperaban la noticia desde hace mucho tiempo, Lilian Padrón no necesitaba el anuncio para hacer lo que mejor sabe: bailar. Sería inimaginable hablar de danza en Matanzas sin mencionar su nombre porque ella baila, incluso, cuando recorre palmo a palmo de esta ciudad a la que le conoce todos los secretos.
Lilian Padrón Chávez es, desde este 29 de abril de 2026, Premio Nacional de Danza, la distinción más alta que concede el Consejo Nacional de las Artes Escénicas.
“Recibí la grata noticia del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, de los miembros del, jurado que muy amablemente me felicitaron y quiero agradecer esta distinción entre colegas y profesionales de la danza que estaban nominados y que merecen ese reconocimiento.
“Uno no trabaja para recibir un premio. Entonces cuando llega se produce un fenómeno raro, porque no es algo que uno pretende alcanzar en la vida y entonces cuando lo logra, trae determinada satisfacción”.
Su vida es la danza. No importa si alguna enfermedad intenta quitarle las fuerzas; los tropiezos, los olvidos, la desidia, el desamparo que muchas veces ha sentido sirven solo para atizarle las ganas de crear.
En el mundo de la cultura matancera, y un poco más allá, su fuerza, entrega al arte y el amor casi obsesivo por la danza es reconocido y admirado. Su mejor carta de presentación es la excelencia que le imprime a cada proyecto, a cada gesto, a cada movimiento.
“Creo que lo más importante de esta noticia para mí ha sido las muestras de cariño, de afecto y las tan lindas palabras que han dicho muchas personas. He recibido la llamada de muchísimos artistas, bailarines, coreógrafos de otras provincias, otros han venido a mi casa y realmente a esas muestras de cariño, de afecto, de respeto, yo le doy mucho valor”.
La vida le ha puesto bastantes retos, ninguno que la haya hecho abandonar, conformarse, salir corriendo. Ella sigue aquí, haciéndole frente a las más difíciles pruebas.
“Agradezco a todas las personas que han sido mis maestros, mis ídolos en la danza con los que he disfrutado y he aprendido desde una luneta o en un salón de clases; a mis padres que me apoyaron siempre, a toda mi familia, porque hacer una carrera lleva mucho sacrificio y si no tienes la colaboración de la familia es muy difícil.
“Agradezco entonces a mi esposo José Antonio Méndez Valencia, a mi hijo José Antonio Méndez Padrón, que siempre han estado vinculados a mi carrera porque hemos hecho muchísimas obras, ellos tocando o sugiriendo la música.
“Son muy importantes también quienes han formado parte de Danza Espiral en estos ya casi 40 años; otras personas para mí son muy valiosos: la bailarina Nancy Dickinson y, especialmente, Guillermo Luis Horta y Ángel Luis Serviá. Mi obra no hubiera sido lo que es sin las enseñanzas, los consejos, la colaboración y esa pasión que nos unió y que, sinceramente, aprendí tanto de ellos que su huella está en mis obras.
“Doy gracias también a todas las personas que hacen posible la obra de un creador y en particular quería mencionar a alguien a quien siempre recuerdo: Ramiro Guerra. Él se convirtió en mi maestro y todos los días lo recuerdo con mucho cariño y le agradezco sus enseñanzas porque a través de sus libros y de sus criterios y de sus regaños, hasta hoy, no estando físicamente, me sigue aportando”.
Con el espíritu de quien creó, en pleno Período Especial, el Concurso Nacional de Coreografía e Interpretación Danzandos, Lilian se levanta cada mañana a crear los nuevos caminos de la danza matancera. Ya para nosotros lo era, pero hoy, después de tantos años de espera, Lilian Padrón Chávez es Premio Nacional de Danza.
