1 de mayo de 2026

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El Kpop: un entramado sin precedentes

El Kpop muestra a través de su música y sus artistas una cultura rica en cuanto a tradiciones, creencias y otra de las tantas maneras que existen de ver el mundo

Foto tomada de la página web UNAM Global.

La industria musical resulta, sin duda alguna, uno de los campos más debatidos en el mundo de la cultura. Dentro de ella, la música pop americana se vislumbró en sus inicios como un acontecimiento que trajo consigo repercusiones nunca antes vistas.

Ante esa realidad, no pocos países apostaron por ubicarse a la vanguardia y adoptar este fenómeno cultural en ascenso.

Fue así que naciones como Corea del Sur tuvieron la iniciativa de hacerse notar en un mercado hasta ese momento dominado por la música occidental, dando origen al género Kpop, término que hace alusión a la música pop nativa.

No pasó mucho tiempo hasta que la música proveniente del país asiático en la que se glorificaban sus sonidos y ritmos característicos, se convirtiera en toda una industria cultural.

El término ‘’industria cultural’’ fue acuñado por los teólogos de origen alemán Max Horkheimer y Theodor Adorno, el cual hace referencia a la concepción de un elemento cultural como producto para generar beneficios económicos.

Más allá de considerar al Kpop como un mero género musical, se le llegó a concebir como una «idea’’. Así lo sostuvo el periodista de la revista Billboard, Tamar Herman, apreciación con la que coinciden muchas personas. Un tipo de fórmula económica que funciona con efectividad y no cesa en sus propósitos.

Solo en 2017 se recaudó por las ventas de los álbumes más conocidos en ese entonces, cerca de cinco mil millones de dólares, resultado que llevó a percibir esas canciones como un producto, más allá de la expresión artística.

Estrellas como PSY, BTS y Blackpink convirtieron la utopía en realidad con su disciplina y estilos marcados.

El fenómeno, en efecto, también podría ser considerado el mejor ejemplo de la ‘’economía naranja’’, que se refiere a un modelo productivo en el que los bienes y servicios comercializados tienen un valor intelectual debido a que surgen del conocimiento de sus creadores y hacen parte de las artes, el patrimonio cultural material e inmaterial y las industrias culturales.

Ocurre que todo está bien intencionado para vender. Desde la estética de los videos musicales y los temas tratados en sus canciones, hasta las tácticas comerciales.

Los idols, nombre que reciben los cantantes del género, se muestran al mundo como personas con comportamientos intachables con el principal propósito de actuar como modelos a seguir, especialmente para los jóvenes, quienes son sus consumidores estándar.

Acciones comunes y algunas hasta triviales, como el tener pareja, beber, tatuarse y salir de fiesta, no están bien vistas si las hacen estas figuras.

Las empresas de entretenimiento con el apoyo de los medios de comunicación difuminan la realidad a su conveniencia con el objetivo de que los seguidores de sus artistas consuman los productos de forma inconsciente y desmedida.

Las personas afines a este tipo de música y lo interconectado a la misma, deben tener capacidad crítica. Sin importar la calidad del producto en sí mismo, resulta necesario separar lo que está bien de lo que está mal. Lo real de lo fabricado. De esa forma podremos disfrutar de un determinado material sin dejarnos influenciar por la idea errónea de que la realidad que se nos presenta es la de todos.

El Kpop muestra, a través de su música y sus artistas, una cultura rica en cuanto a tradiciones, creencias y otra de las tantas maneras que existen de ver el mundo.

Con dicho género se ha logrado transmitir a lo largo de los años que la música no tiene barreras y constituye un lenguaje universal con el que todos podemos comunicarnos.

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