Cuba, Japón, Canadá y siempre Matanzas: el mapa de Yurisbel Gracial
Hay peloteros que se marchan y se diluyen en la distancia. Yurisbel Gracial no es uno de ellos; a sus casi 41 años y tras una carrera que lo ha llevado por Canadá, Japón, Venezuela y México, el matancero sigue siendo, ante todo, un hombre de Cocodrilos.
Cada vez que la Serie Nacional se lo ha permitido, ha vuelto a ponerse la franela de Matanzas y cada vez que lo ha hecho, el equipo ha sido mejor por su presencia.
Gracial debutó con Matanzas en la temporada 2009-2010 y desde entonces la provincia occidental ha sido su punto de referencia inquebrantable, incluso en los años en que su carrera transcurría a miles de kilómetros de su país.
Su regreso más reciente a la disciplina roja y amarilla en la 64 Serie Nacional terminó con los Cocodrilos disputando la final del béisbol cubano.
No fue casualidad; el propio mánager Armando Ferrer lo señaló, junto al receptor Ariel Martínez, como uno de los líderes que sostuvieron la motivación del equipo en el tramo decisivo.
Ese peso específico dentro del vestuario no se mide en jonrones; es la voz que calma a un novato en un séptimo inning cerrado, el ejemplo de disciplina de alguien que ha jugado en las mejores ligas del continente y aun así vuelve a vestir los colores de su tierra sin pedir nada a cambio.
Una carrera que no conoció fronteras; fuera de Cuba, Gracial construyó una trayectoria que pocos peloteros cubanos pueden exhibir.
En 2016 firmó con los Capitales de Quebec, en la liga Can-Am de Canadá, donde entre 2016 y 2017 promedió por encima de .300, con 22 jonrones y 123 carreras impulsadas, cifras que llamaron la atención de ojeadores en Asia.
Con los Halcones de SoftBank se convirtió en una pieza habitual de la organización más laureada del país durante cinco temporadas, ganó tres campeonatos y en octubre de 2019 se transformó en apenas el segundo latinoamericano en la historia en ser nombrado Jugador Más Valioso de la Serie de Japón, tras batear .375 con tres jonrones en la barrida ante los Gigantes de Yomiuri.
En su paso por la NPB dejó un promedio de .293, con 59 jonrones y 178 impulsadas en 362 juegos.
Ya en otra etapa de esa trayectoria, sumó un paso por la Liga Venezolana de Béisbol Profesional con los Tiburones de La Guaira y desde 2024 por la Liga Mexicana de Béisbol con los Conspiradores de Querétaro, donde ha sido pieza fundacional y sigue produciendo a niveles de estrella: 24 jonrones y 70 remolcadas en 74 juegos apenas este año.
La relación de Gracial con la selección nacional ha sido tan intensa como en ocasiones tensa, formó parte del equipo cubano en el Clásico Mundial de Béisbol de 2017 y repitió en la edición de 2023, además de integrar la nómina en el Premier 12 de 2019 y el Preolímpico de las Américas 2020.
Su experiencia en la NPB lo convirtió, junto a figuras como Alfredo Despaigne y Yariel Rodríguez, en uno de los veteranos de mayor jerarquía dentro de los combinados cubanos de la última década.
Más allá de los números, el mayor aporte de Gracial podría estar en lo que representa para las nuevas generaciones de peloteros cubanos, tanto dentro como fuera de la Isla.
Es la prueba viva de que se puede construir una carrera larga y exitosa fuera de las fronteras cubanas sin renunciar al vínculo con el equipo y la provincia de origen; de que la disciplina y la adaptación permiten competir a los 40 años al mismo nivel que a los 25.
Para los jóvenes de la cantera matancera verlo regresar temporada tras temporada a vestir los colores de los Cocodrilos, pese a tener contratos en Japón, Venezuela o México, envía un mensaje que ningún discurso podría igualar: el éxito internacional y la lealtad a las raíces no son incompatibles.
Esa combinación, tan escasa como valiosa, es quizás el legado más duradero que Yurisbel Gracial le dejará al béisbol cubano.
