Debut en rojo: claves de la derrota
Cuba empezó mal el Mundial Sub-23 y la herida está en el bate. Un solo imparable no alcanza para ganar, y la nada despreciable cifra de 13 ponches lo confirma. Corea del Sur se llevó el 3-2 sin brillar.
El golpe duele por lo que los antillanos dejaron escapar. Los asiáticos cometieron tres errores, dos en el segundo capítulo. La Isla anotó apenas dos carreras. Faltó colmillo ante el regalo ajeno.
Los bateadores cubanos recibieron cinco boletos y nadie los empujó. La ofensiva mostró paciencia, pero no halló respuesta.
La primera deficiencia está en el cajón. Hanyelo Videt se ponchó tres veces. Yasser Izaguirre, dos. Casi toda la alineación vio caer el tercer strike.
Hizo falta acortar el swing con dos strikes. Tampoco aparecieron el toque de bola ni el corredor en movimiento. Los surcoreanos sí ejecutaron un toque en el quinto y les dio resultado.
La segunda deficiencia está en la lomita. Un lanzamiento descontrolado ayudó al empate coreano. Randy Martínez regaló dos boletos. El último, con las bases llenas, decidió el juego. En una entrada extra, el boleto es el peor aliado.
José Ignacio Bermúdez mostró otra cara. Ponchó a ocho en 4.2 entradas y se erigió en baluarte sobre el montículo para mantener a flote a los caribeños.
El relevo, en cambio, necesita ponerse a su altura. Fher Cejas permitió dos imparables en dos tercios.
La defensa dejó un dato favorable: un solo error. Ese dato sirve de punto de partida.
En el torneo, el significado es claro. El Grupo B reúne seis equipos. Solo tres avanzan a la superronda. El conjunto cubano arrancó en desventaja. El margen de error ya es corto.
Japón llega como gran favorito. Venezuela pesa. Gran Bretaña y Sudáfrica son partidos de obligación. Los nuestros buscan su primera medalla en la categoría.
En 2020 quedaron en la cuarta plaza. Ese puesto sigue a la vista, pero exige ganar casi todo.
La solución debe llegar de inmediato. Guillermo Carmona y su cuerpo técnico pueden actuar ya.
Primero, ajustar el plan ofensivo: contacto sobre poder, toques de bola efectivos, jugadas de corrido y bateo, y bola al medio con dos strikes. No se debe dejar la decisión en manos del árbitro.
Cabe señalar, además, que según la transmisión televisiva el árbitro principal mostró una zona de strike bastante amplia.
Mención aparte merecen los dos magníficos engarces del camarero Carlos Nieto, que mantuvieron viva la posibilidad de ganar hasta el último momento.
Un viejo axioma del béisbol plantea: cuando no las haces, te las hacen. Cuba no aprovechó la regla de desempate y dejó inamovible el marcador. Corea, sin brillar del todo, jugó su béisbol y llevó las circunstancias a su terreno.
De nada vale llorar sobre la leche derramada. Aún queda margen para enrumbar la nave, y nuestros muchachos tienen talento y corazón para lograrlo. El talento no se esfuma en un juego; el tiempo, sí corre. El Mundial apenas comienza.
