La comida que dan los autoconsumos

Colón.- Desde el corte de la maleza un nuevo aire han cogido las tierras donde está enclavada la unidad empresarial de base (UEB) de Conservas y Vegetales Planta Libertad, la industria con el encargo estatal de fabricar la pulpa base de la compota destinada a los niños.
Allí entendieron bien la ventaja de la soberanía alimentaria y por ello apostaron. Eso explica la cantidad de áreas preparadas, en planes de seguir aumentándolas, o ya sembradas. Lo asegura el director, Rolando Domínguez Herrera.
Bajar costos, producir viandas y hortalizas ofrece la opción de comercializar excedentes para incrementar ingresos y es, además, otra fuente de abastecimiento allí donde funciona un comedor obrero, como es el caso de esta UEB.
“En poco tiempo tendremos ajos”, vaticina orondo Rolandito, como le llaman en Planta Libertad. “Con agua y tierra de la buena no podíamos desaprovechar la oportunidad de estos autoconsumos para nosotros, la comunidad, la circunscripción y para la casa de niños sin amparo familiar que atendemos”.
Esa opinión la respalda Irenaldo Torriente Fernández, jefe de producción, un convencido de que “lo mejor es alcanzar la soberanía alimentaria en el municipio, en las empresas, en los colectivos laborales. Es, además, una forma para aliviarle gastos al país y puertas adentro, ayudar en la atención al hombre, a lo que se pone en la mesa para los trabajadores”.
Son precisamente los empleados quienes asumen la limpia, siembra y atención de las áreas, aclara Rolandito. En esas faenas estaba José Ramón Casanova, el jefe de almacén, cuando hace unas jornadas visité Planta Libertad.
“Durante el día nos turnamos. Combinamos nuestras obligaciones laborales con lo agrícola, Mire qué bien se están dando el boniato, la calabaza, el maíz… Aquello de allá es rábano”, apunta orgulloso.
La carta de los autoconsumos jugada por Planta Libertad es una muestra de cuánto se puede lograr por la producción de alimentos. Hay entidades aún negadas a hacerlo, desconociendo así sus ventajas. En ese grupo, por suerte, no está la UEB colombina.
Allí se entendió bien lo que vale tener tierras de las buenas y vieron en ellas un filón. Ojalá otras empresas le sigan los pasos, por el bien de la economía local y de sus trabajadores.
