Pasarelas electrónicas: pagos, incumplimientos y efectivo en Cuba
Cuando se promulga cualquier cuerpo legal, lo primero que debe conocer quien lo promulga es si existen condiciones objetivas y materiales para aplicarlo
El uso de las pasarelas electrónicas en Cuba enfrenta una contradicción que afecta a jubilados, trabajadores y al público que acude a establecimientos a buscar el sustento alimentario.
Mientras el país promulga cuerpos legales que “obligan” a trabajadores por cuenta propia y mipymes a aceptar el pago por transferencia, el efectivo sigue siendo el medio que mueve la economía cotidiana.
El pago a jubilados: una variante insuficiente
En Matanzas existen miles de jubilados y más de once mil actores económicos no estatales. Sin embargo, solo poco más de 500 jubilados reciben su pensión a través de estas nuevas formas de organización no gubernamental. La cifra evidencia que la variante establecida no alcanza para cubrir la demanda de una población que depende de ese dinero para adquirir alimentos.
Las tiendas de víveres, conocidas en Cuba como bodegas, ya no ofrecen productos de la canasta normada. Eso obliga a los jubilados y al pueblo en general, a recurrir a establecimientos donde el pago por transferencia no siempre se acepta.
Los actores económicos y sus argumentos
Trabajadores por cuenta propia y mipymes esgrimen razones para no aceptar transferencias: “Ya recibimos las del día de hoy”, “no hay corriente”, “no hay conexión”. Estas excusas se repiten en establecimientos donde el cliente no tiene otra opción que pagar en efectivo, si es que lo tiene.
La obligación legal existe, pero su cumplimiento no se verifica con la misma frecuencia con que se promulga.
El ciclo del efectivo
Para entender el mecanismo de los trabajadores por cuenta propia hay que seguir el recorrido del dinero. Ellos protegen su efectivo y no lo depositan en el banco, o lo hacen en baja escala.
Con el efectivo recaudado deben pagar a sus proveedores, figura que tampoco acepta transferencia. Si el suministro que necesitan es en dólares, entonces acuden al mercado negro, porque el banco no se los vende.
La pregunta que queda sin respuesta clara es cómo hacen efectivo lo que reciben por transferencia. El banco entrega una cifra ínfima que no alcanza para restablecer la estantería ni para reservar mercancía para nuevas ventas.
La voz del pueblo
Se especula que existen personas con abundante efectivo que ofrecen dinero constante y sonante a cambio de una transferencia, con un recargo que puede oscilar entre un 15 y un 30 por ciento.
Práctica que no se ha confirmado oficialmente, aunque circula en la conversación cotidiana. Lo más triste de esto es que ese excedente quien lo paga realmente es el pueblo, porque los comerciantes se lo incrementan a los productos que venden.
Condiciones objetivas y materiales
Cuando se promulga cualquier cuerpo legal, lo primero que debe conocer quien lo promulga es si existen condiciones objetivas y materiales para aplicarlo. Si se evade, no siempre es por desobediencia; en este caso, parece ser por necesidad.
Si el banco no tiene efectivo para pagar salarios y pensiones, por qué le exige a los trabajadores por cuenta propia que acepten transferencia, esto me parece paradójico.
