29 de mayo de 2024

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Museo Farmacéutico en Cuba: único de su tipo en el mundo

Pero el Museo Farmacéutico de Matanzas no es solo esa institución que permite adentrarnos en la historia de la medicina y de la farmacia en Cuba; en la del territorio yumurino y en la de la presencia francesa en nuestro país; sino una institución que irradia a la comunidad con actividades de extensión y eventos culturales, siendo además de gran utilidad a quienes realizan estudios de esta especialidad.
La primera planta mantiene intacta la botica, con sus estantes majestuosos, los gaveteros y el mostrador, como si aún vendieran allí medicamentos; la rebotica, con la mesa dispensarial, los equipos para preparar pastillas u óvulos vaginales, y el libro enorme de registrar las recetas
La primera planta mantiene intacta la botica, con sus estantes majestuosos, los gaveteros y el mostrador, como si aún vendieran allí medicamentos; la rebotica, con la mesa dispensarial, los equipos para preparar pastillas u óvulos vaginales, y el libro enorme de registrar las recetas.

El rico acervo de la ciudad de Matanzas la ha hecho acreedora, con toda justicia, de ser llamada “la Atenas de Cuba”. Tal epíteto, ganado en el siglo XIX, se ve reforzado por la existencia en ella del Museo Farmacéutico, institución única de su tipo en el mundo que cumplió 60 años de haber sido inaugurado aquel primero de mayo 1964.

Mas la historia del inmueble se remonta a mucho tiempo atrás, al primero de enero de 1882, cuando los amigos Enrique Triolet Lelievre, natural de Francia, y Juan Fermín de Figueroa Véliz, conocido como “Rey de Boticas de Cuba” y graduado como el primero de doctor en farmacia, comenzaron el expendio de plantas medicinales y medicamentos elaborados en la propia edificación de tres plantas, construida por ellos en la Plaza de Armas, donde hoy radica el museo.

Casado en primeras nupcias con la hermana de su amigo y, tras enviudar, con la hija de este, el Dr. Enrique Triolet se mantuvo al frente de la Botica Francesa hasta su muerte acaecida en 1990 en París, poco después de haber participado en la Exposición Universal, en la que once de sus productos obtuvieron medalla de oro.

La calidad de las fórmulas, el gusto refinado en cada uno de los detalles y el trato amable de los empleados, distinguieron siempre al establecimiento, tanto entre los médicos de la ciudad, como en la propia población, los que vieron en 1920 cómo se ampliaba la gama de fármacos tras el inicio de las importaciones y, en 1940, con la venta de instrumental.

Siempre en manos de la familia y encabezada en una primera etapa por la segunda esposa del Dr. Triolet, María de los Dolores de la Caridad Cleofás Figueroa y Marty, primera mujer doctora en farmacia en nuestro país; después por el sobrino de esta, el Dr. Ernesto Valdés Figueroa y, finalmente, cuando ya era anciana, por su hijo, el Dr. Ernesto Luis Triolet Figueroa, la Botica fue nacionalizada en noviembre de 1963.

Pocos meses después y tras necesarias adaptaciones abrió sus puertas como museo, mostrando a cubanos y extranjeros no solo la belleza de su arquitectura y estanterías de cedro, sino sus excepcionales colecciones de libros de asientos de recetas, instrumental original hecho en cobre y bronce, y la de frascos de farmacia más numerosa del mundo perteneciente a una misma botica, fabricados en Nueva York.

Pero el Museo Farmacéutico de Matanzas no es solo esa institución que permite adentrarnos en la historia de la medicina y de la farmacia en Cuba; en la del territorio yumurino y en la de la presencia francesa en nuestro país; sino una institución que irradia a la comunidad con actividades de extensión y eventos culturales, siendo además de gran utilidad a quienes realizan estudios de esta especialidad.

Joya de nuestro patrimonio, fue declarado Monumento Nacional hace diecisiete años, condición por la que velan con orgullo quienes allí laboran, a los que se les debe en gran medida que conserve el mismo refinamiento con que fue inaugurada hace seis décadas.

  • Cubahora

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