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Thursday 21 November 2019
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Una forma de vida

periodista“Estar sentado en la posición de firme, con el cuerpo rígido, las manos pegadas a las rodillas, los ojos clavados hasta enceguecer en la amarillenta pared de esta cárcel del Palacio Petschek no es, en verdad, la postura más adecuada para reflexionar. Pero, ¿quién puede forzar al pensamiento a permanecer sentado en posición de firme?”

Reportaje al pie de la horca, una obra escrita en 167 hojas de papel higiénico, es un clásico de la literatura y del periodismo. Sus páginas, testigos del martirio de que cada uno podía ser el último día, denuncia los abusos y torturas que se cometieron en los campos de concentración, ejecutadas por órdenes de Adolfo Hitler. Resultan conmovedoras las narraciones tan reales que ofrece Fucik al describir las “salas de cine”.

“Alguien, un día llamó a este cuarto del Palacio Petschek ´sala de cine´. Una amplia sala, seis largos bancos, uno tras otro, ocupados por los cuerpos rígidos de los detenidos, y ante ellos un muro liso, como una pantalla cinematográfica. Todas las casas productoras del mundo no han llegado a hacer la cantidad de películas que sobre esta pared han proyectado los ojos de los detenidos en espera de un nuevo interrogatorio, de la tortura, de la muerte. Películas de vidas enteras o de los más pequeños fragmentos de vida; películas de la madre, de la esposa, de los hijos, del hogar destruido, del porvenir destrozado; de camaradas valerosos y de la traición; de la sangre que correrá otra vez, del fuerte apretón de manos, del compromiso de honor; películas repletas de terror y de decisión, de odio y de amor, de angustia y de esperanza. De espaldas a la vida, cada uno contempla aquí su propia muerte.”

Juluis Fucik escribió estas páginas durante los dos años en que el terror se hubiera apoderado de cualquier ser humano en espera de la ejecución de su condena, pero para él fueron más que un motivo de amarguras.

En Reportaje al pie de la horca conocí a un hombre que nunca reveló la identidad de sus compañeros de lucha a pesar de las torturas, uno que soñaba a su esposa en las noches en que la frialdad de la muerte se sentía muy cercana a su celda, un hombre que vivió para el periodismo incluso en circunstancias tan horrendas.

El libro, sacado página por página de la cárcel y publicado en 1945, fue traducido a 80 idiomas y constituye un testimonio de los últimos meses de la vida de Juluis Fucik, cuyo fusilamiento de materializó el 8 de septiembre de 1945. La Organización Mundial de Periodistas, en honor a su memoria, declaró esta fecha como el Día Internacional del Periodista.

PERIODISTAS EN UNA PALABRA…, PERIODISMO

El periodismo, catalogado por Gabriel García Márquez como el mejor oficio del mundo, es lo más cercano que conozco a la satisfacción personal. Llegué a este mundo sin una convicción de que sería el camino más apropiado para seguir estudios luego de terminada la enseñanza preuniversitaria.

Pero, poco a poco, al verme sentada en un aula universitaria con compañeros a los que admiré desde el primer día, al enredarme entre las páginas de un semanario donde apareció mi nombre reflejado al terminar cada trabajo periodístico, como justo alimento para mis orgullos desmedidos de principiante…, me sentí feliz.

Después vinieron los tiempos de la televisión, pero nada que superara la extraña sensación de dominio del mundo que me proporcionó la radio. Por azares de la vida, a pesar de que casi me fuera robada esta experiencia, llegué a Radio 26 y me enamoré del periodismo radial.

Incluso en los momentos difíciles, de recorridos sin transporte, de caminar la ciudad de punta a cabo buscando la información oportuna, del cansancio y las horas de desvelo pensando en el mejor enfoque para aquellos temas más complejos, de las reuniones que nada aportan para la cobertura periodística…, aún en esos momentos he aprendido a amar mi profesión.

Ser periodista entraña sacrificio, comprender a las personas y ser parte de lo que sienten sin conocerlas, conlleva la pasión necesaria para defender una idea no tan aceptada sobre algún tema peliagudo, requiere de imparcialidad y un poco de ingenio para hacer digeribles asuntos complejos que afectan la sociedad día a día.

Ser periodista, para mí, es apropiarse de la voz de la población y, utilizando las técnicas periodísticas aprehendidas durante años de estudios y experiencias, alzarla donde todos puedan escucharla.

El periodismo, más allá de responder ¿qué?, ¿quién?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿por qué?, implica la alta responsabilidad de descifrar el mundo, analizarlo y hacerlo entendible para todos.

Es disfrutar del silencio ensordecedor de un estudio sentarme cada día tras el micrófono y sentir que esa es la única barrera que me separa de quienes me escuchan, incluso estando a kilómetros de distancia; es pasar el día ejerciéndolo y la noche soñándolo; como me enseñaron muchos de mis profesores y colegas, vivirlo desde que nos levantamos de la cama hasta que volvemos a acostarnos y en ese momento, seguir siendo periodista.

Es un desafío constante, un reto imperecedero…, un proyecto a corto, mediano y largo plazo. Ser periodista no es solo un oficio o una profesión, en eso discrepo del Gabo, un maestro en la materia porque, para mí, el periodismo, es una forma de vida.




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