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Monday 21 October 2019
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Temporales de agua y zafra azucarera

En una publicación anterior que titulé Temporales de agua ubiqué el sitio protagónico en El Marey, a nueve kilómetros al norte de Aguacate, en La Habana.

Conté una anécdota sobre los temporales y las clases del sistema educacional de entonces. Ahora voy a relatar la labor de los hombres de campo, fundamentalmente en las tareas vinculadas a la zafra azucarera.

Con una semana o más de lluvia constante la zafra azucarera no se detenía. Es cierto que la caña se cortaba a mano y no existían los equipos de hoy, que aunque muy productivos no pueden entrar al campo tan pronto comienza a llover. Había otro factor que obligaba a cortar caña: el hambre.

Recuerdo un hombre, cabeza de familia, se llamaba Severiano, el que tenía una prole numerosa, de ellos dos  hijos,  Justo, el mayor y el otro que hoy no recuerdo su nombre, por cierto era anormal en grado severo, al extremo que no hablaba y solo emitía sonidos guturales. Severiano y sus descendientes cortaban caña para la misma tonga.

Tomo como patrón esta familia, aunque esa era la generalidad de los hombres de campo. Esos tres individuos entraban muy temprano al corte, llevaban atado a su espalda un saco de azúcar, de los grandes, para protegerse de la pertinaz lluvia. Piense usted que cuando pasaban unos minutos ese inmenso saco triplicaba su peso y la humedad calaba los huesos, pero el machete no se detenía.

El tiro de la caña se hacía con carreta tirada por bueyes, cada una tenía hasta seis yuntas, porque las inmensas ruedas de madera con sunchos de hierro se atascaban hasta el eje. Ahí era donde el carretero, vara en mano, aguijoneaba incesantemente a las bestias que sangraban por los pinchazos y jadeaban de tanta fuerza, pero el tiro no se paraba.




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