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El renacimiento de un grande

El renacimiento de un grande

Aunque está considerado nuestro baile nacional, el danzón no es lo que se dice un género musical que encanta por igual a los jóvenes cubanos de hoy. Esa es la cruda realidad.

Con la irrupción del reggaetón, el trap y el reparto, tan populares como en el pasado lo fueron el mambo, el chachachá, la rumba y el danzón, abrazados a la cultura cubana desde hace mucho tiempo, han flaqueado su popularidad.

Se trata de un fenómeno en cierto modo entendible. No es ni de lejos la misma época. Un mundo distinto arrastra consigo nuevos patrones y esquemas que seguir y consumir en el ámbito de la cultura, y en particular el de la música. La pregunta es, ¿realmente vale la pena dejar a un lado nuestras raíces y apostar únicamente por lo más contemporáneo?

Por eso se agradecen las buenas intenciones del Festival Internacional de Danzón Miguel Failde In Memoriam, muy pronto ya en su quinta edición, certamen que insiste en seducir a las más nuevas generaciones de bailadores para que reintegren este género a sus rutinas.

Atraer a adolescentes y niños a este cadencioso ritmo es el mayor reto del evento. Algo que resulta posible, pues según estudios de investigadores del género está demostrado que este baile de salón no es exclusivamente cosa de nuestros abuelos.

El danzón, surgido en Matanzas en 1879, tiene el encanto de bailarse con un compás suave y los cuerpos pegados. Así lo concibió su creador, Miguel Failde, y el mejor ejemplo es precisamente Las Alturas de Simpson, estrenado en el entonces Liceo de Matanzas.

No fue nunca exclusivo de negros o blancos. Constituía un baile de cubanos que caló tanto en todos los estratos de la sociedad, que la aristocracia criolla lo sustituyó por el importado vals que a partir de entonces sólo permaneció en las fiestas de quince y en las bodas.

Hoy, con el surgimiento de tendencias musicales que parecen ser más colindantes con la sociedad moderna, los amantes y representantes del danzón se han visto motivados a rescatar ese melodioso género por su gran influencia en nuestra cultura y en la de otras regiones del mundo.

Expertos en el tema sostienen que el danzón no debería desaparecer. Eso sí, es preciso contextualizarlo y hacer lo humanamente posible para que siga dentro de cada uno de nosotros… porque el danzón también es Cuba.

Por lo pronto, hay que reconocer la contribución de quienes desde hace algunos años impulsan su rescate y se consagran en múltiples iniciativas para que en Matanzas y en otras regiones del país se multipliquen los seguidores de este acompasado ritmo, nuestro baile nacional.

Lizt Lauren García Hoyos, estudiante de Periodismo

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