13 de enero de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

Emisora provincial de Matanzas, Cuba, La Radio de tu Corazón

Tensión en el Caribe: ecos de una historia que persiste

Y aunque los vientos soplen con fuerza desde el norte, hay raíces profundas que sostienen la esperanza de un futuro distinto, donde el respeto mutuo sustituya a la intimidación y donde la paz no dependa del calibre de los cañones, sino de la fuerza de los principios

La reciente reubicación de fuerzas militares estadounidenses al norte de Cuba, tras la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, ha reavivado viejas tensiones en el Caribe. Aunque presentada como una maniobra estratégica de contención regional, esta acción resuena con ecos históricos que no pueden ignorarse.

La presencia de buques de guerra en aguas cercanas no es un hecho aislado, sino parte de una narrativa más amplia de presión, vigilancia y proyección de poder que ha marcado las relaciones hemisféricas durante más de un siglo.

En este contexto, la geografía vuelve a convertirse en destino. La cercanía física con Estados Unidos ha sido desde hace décadas tanto una bendición como una carga. Las aguas del Caribe, que deberían ser símbolo de intercambio, cultura y vida compartida, se transforman en escenario de maniobras militares que despiertan inquietudes legítimas.

No se trata solo de la amenaza de una intervención directa —que ha sido negada oficialmente—, sino del mensaje implícito que envía la concentración de poderío bélico en una región históricamente intervenida.
La historia enseña que los movimientos militares en el Caribe rara vez han sido inocuos. Desde la ocupación de países vecinos hasta la crisis de los misiles, la región ha sido utilizada como tablero de ajedrez por intereses externos. Cada despliegue, cada buque, cada declaración altisonante, se inscribe en una lógica que prioriza la dominación sobre el diálogo, la imposición sobre la cooperación. Y aunque los tiempos cambien, las formas de presión se adaptan, pero no desaparecen.
La operación en Venezuela, más allá de sus implicaciones internas, ha sido utilizada como justificación para extender una presencia militar que inevitablemente afecta a los países vecinos. La narrativa de lucha contra el narcotráfico o la defensa de la democracia ha sido empleada antes y muchas veces ha servido de pretexto para acciones que poco tienen que ver con los intereses de los pueblos latinoamericanos. La soberanía, ese principio tantas veces invocado y tantas veces vulnerado, vuelve a estar en juego.
En este escenario, la respuesta no puede ser el silencio ni la resignación. La región ha demostrado, una y otra vez, su capacidad de resistencia, su vocación de paz y su derecho a decidir su propio destino. Frente a las maniobras de fuerza, se alza la dignidad de quienes han elegido un camino distinto, con sus aciertos y errores, pero con la convicción de que la autodeterminación no se negocia.
El Caribe no es un vacío estratégico ni un espacio a llenar con buques y amenazas. Es una comunidad de naciones con historia, cultura y voluntad. Y aunque los vientos soplen con fuerza desde el norte, hay raíces profundas que sostienen la esperanza de un futuro distinto, donde el respeto mutuo sustituya a la intimidación y donde la paz no dependa del calibre de los cañones, sino de la fuerza de los principios.

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