Kleixan: Un joven nacido para la conga
Hoy, Kleixan no solo toca: siente, vive y defiende una tradición que forma parte del alma de su pueblo.
—¿Cómo descubres tu pasión por la conga?
—Desde pequeño la escuchaba frente a mi casa, era algo que formaba parte del ambiente del barrio. Al principio, incluso, le tenía miedo por lo fuerte que sonaba, pero al mismo tiempo me llamaba mucho la atención. Mi papá trabajaba en una feria en La Habana donde vendían instrumentos de percusión y estar cerca de ellos despertó mi curiosidad. Poco a poco fui perdiendo el miedo, empecé a probar, a aprender por mi cuenta, hasta que sentí que de verdad me gustaba y le pedí una tumbadora. Ahí fue donde todo empezó a tomar forma.
—Además de la tumbadora, ¿qué otros instrumentos tocas?
—También toco campana y bombo. Me gusta aprender de todo un poco porque cada instrumento tiene su esencia dentro de la conga, pero sin dudas mi favorito sigue siendo la tumbadora, porque fue con la que me inicié y con la que siento una conexión más especial.
—¿También bailas?
—Sí, claro. La conga no es solo tocar, también es sentirla con el cuerpo. El baile sale solo cuando estás metido en el ritmo.
—Eres el integrante más joven del grupo, ¿Cómo te integras a la Conga Unionense?
—Entré a los ocho años. Mi abuelo me llevaba a verla después de la novela y yo me quedaba fascinado con todo aquello. Al principio no sabía tocar, solo miraba y trataba de imitar, pero poco a poco fui aprendiendo, encontrando mi lugar y mi propio ritmo dentro de la conga. Fue algo muy natural.
—¿Qué significa para ti mantener viva esta tradición?
—Significa muchísimo. Es una responsabilidad, pero también un orgullo muy grande. Me emociona ver cómo el pueblo disfruta lo que hacemos, cómo la gente se une, baila y se olvida de los problemas por un rato. Ser parte de la conga es parte de quien soy.
—¿Quiénes han sido tus referentes?
—Cuando era pequeño, el director era Enrique, y fue una de las primeras figuras que admiré. Después vinieron “Miró” y “Chile”, que me ayudaron mucho a desarrollarme, sobre todo con la tumbadora. De cada uno aprendí algo, no solo de música, sino también de disciplina y amor por lo que hacemos.
—¿Qué instrumento tocas actualmente?
—Ahora mismo estoy tocando el bombo. Es un instrumento fuerte, que marca el paso y me gusta esa responsabilidad dentro del grupo.
—¿Qué tan difícil es tocar y bailar a la vez?
—No se siente difícil cuando lo llevas por dentro. Al contrario, cuando estás tocando te sueltas, te dejas llevar por el ritmo y el cuerpo responde solo. Llega un punto en que ni te das cuenta, simplemente fluye.
—¿Cuál ha sido tu momento más memorable?
—Hay varios, pero recuerdo mucho los tiempos antes de la covid-19, cuando el pueblo se llenaba esperando la conga, esa energía era única. También fue muy especial para mí tocar en La Habana, en el carnaval, con Los Cubanitos de Guanabacoa. Fue una experiencia que nunca voy a olvidar.
—¿Cómo te preparas físicamente?
—La verdad, no tengo una preparación como tal. Cuando dicen que la conga va a salir, yo voy y doy lo mejor de mí. Claro que cansa, porque es exigente, pero cuando ves la alegría de la gente, todo ese cansancio desaparece. Eso te da fuerzas.
—¿Qué desafíos enfrentas al tocar varios instrumentos?
—No me considero un experto, pero lo hago con mucho amor y respeto. El mayor desafío es dominar cada uno y entender su papel dentro del grupo. Por eso practico siempre que puedo, ya sea tocando en casa o escuchando música, tratando de mejorar poco a poco.
—¿Qué mensaje darías a otros jóvenes?
—Que no tengan pena ni miedo de empezar. Nadie nace sabiendo, todo se aprende con ganas y con amor por la conga. Lo importante es dar el paso y disfrutar el proceso.
—¿Cuáles son tus sueños?
—Dentro de la conga, me gustaría llegar a formar una comparsa en mi pueblo, aportar algo propio a la tradición. Y en lo personal, me gustaría desarrollarme más en el deporte, porque también me gusta mucho la pelota, incluso llegué a formar parte del equipo juvenil de la provincia. Son dos pasiones que forman parte de mi vida.
Por jóvenes como Kleixan Gondre Espinosa la conga sigue viva en la tierra que vio nacer al Rumbero Mayor. Este joven unionense es la prueba viva de que la pasión, cuando nace desde lo más profundo, no entiende de miedos ni de límites. Entre tambores, bailes y sueños, un rumbero de 17 años no solo mantiene viva una tradición, sino que también construye su propio camino, con humildad y entrega.
