9 de abril de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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Aquel revés que no fue definitivo

La mañana transcurría apacible, sin que nadie avizorara lo que estaba por venir cuando, de súbito, el sonido de un inconfundible bombazo crispó la ciudad. Era el 9 de abril de 1958. La sorpresa para los que estaban al margen de los hechos fue total, pero los revolucionarios que lideraban el movimiento huelguístico recibieron de inmediato el apoyo popular. Este hecho, por sí solo, confirma hasta qué punto habían calado en la población las ideas de la Revolución y el deseo de acabar con la tiranía batistiana. Sobre esa reacción de los sagüeros diría el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz, que resultaba realmente extraordinario cómo un número tan reducido de hombres, apoyados por el pueblo, habían podido mantener bajo control durante 24 horas una ciudad del tamaño y la importancia de Sagua la Grande. Casi de manera simultánea se realizaron diversas acciones como la paralización de la fundición, el incendio del aserrío, cierre de comercios y la toma de la estación de ferrocarril donde, en combate contra los esbirros de la tiranía, cayeron heroicamente los primeros revolucionarios. A pesar de ello, la ciudad fue dominada por aquellos jóvenes corajudos que, bajo el mando de Humberto González, el capitán Samuel, escribieron una página imborrable de heroísmo. Llegado el momento, ante la superioridad del equipamiento militar de la dictadura, los jóvenes se replegaron hasta Monte Lucas, un paraje cercano a la urbe. Allí fueron bombardeados, perseguidos y asesinados. El movimiento huelguístico, organizado por el Movimiento 26 de Julio, en mayor o menor medida, abarcó a todo el país. Sobre el resultado de aquella acción, Faustino Pérez resumió: «Los grandes reveses expresan, quizá, mejor que las victorias, la magnitud de la lucha. Así de grandes los reveses, mayores aún las voluntades de convertirlos en victorias. En el camino ascendente del pueblo cubano nunca un revés fue ni será definitivo; nunca trajo la parálisis, nunca significó el abandono de la lucha. Las tinieblas del revés jamás apagaron la certidumbre de victoria de los revolucionarios (...). «El duro revés del 9 de Abril no es una excepción de esa regla de nuestras luchas centenarias, sino que se inscribe entre los momentos críticos en que, con el espíritu de lucha de nuestro pueblo, el heroísmo de los combatientes y la certera conducción del Comandante en Jefe, transformaron una vez más la derrota en victoria (...)».

La mañana transcurría apacible, sin que nadie avizorara lo que estaba por venir cuando, de súbito, el sonido de un inconfundible bombazo crispó la ciudad. Era el 9 de abril de 1958.

La sorpresa para los que estaban al margen de los acontecimientos fue total, pero los revolucionarios que lideraban el movimiento huelguístico recibieron de inmediato el apoyo popular.

Este hecho, por sí solo, confirma hasta qué punto habían calado en la población las ideas de la Revolución y el deseo de acabar con la tiranía batistiana.

Sobre esa reacción de los sagüeros diría el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz, que resultaba realmente extraordinario cómo un número tan reducido de hombres, apoyados por el pueblo, habían podido mantener bajo control durante 24 horas una ciudad del tamaño y la importancia de Sagua la Grande.

Casi de manera simultánea se realizaron diversas acciones como la paralización de la fundición, el incendio del aserrío, cierre de comercios y la toma de la estación de ferrocarril donde, en combate contra los esbirros de la tiranía, cayeron heroicamente los primeros revolucionarios.

A pesar de ello, la ciudad fue dominada por aquellos jóvenes corajudos que, bajo el mando de Humberto González, el capitán Samuel, escribieron una página imborrable de heroísmo.

Llegado el momento, ante la superioridad del equipamiento militar de la dictadura, los jóvenes se replegaron hasta Monte Lucas, un paraje cercano a la urbe. Allí fueron bombardeados, perseguidos y asesinados.

El movimiento huelguístico, organizado por el Movimiento 26 de Julio, en mayor o menor medida, abarcó a todo el país.

Sobre el resultado de aquella acción, Faustino Pérez resumió: «Los grandes reveses expresan, quizá, mejor que las victorias, la magnitud de la lucha. Así de grandes los reveses, mayores aún las voluntades de convertirlos en victorias. En el camino ascendente del pueblo cubano nunca un revés fue ni será definitivo; nunca trajo la parálisis, nunca significó el abandono de la lucha. Las tinieblas del revés jamás apagaron la certidumbre de victoria de los revolucionarios (…).

«El duro revés del 9 de Abril no es una excepción de esa regla de nuestras luchas centenarias, sino que se inscribe entre los momentos críticos en que, con el espíritu de lucha de nuestro pueblo, el heroísmo de los combatientes y la certera conducción del Comandante en Jefe, transformaron una vez más la derrota en victoria (…)».

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