Miradas a José Martí, desde Abdala, en la Casa de la Memoria Escénica
Diversos fueron los análisis y valoraciones que sobre el poema dramático Abdala, de José Martí, ofrecieron desde sus experiencias los panelistas reunidos este 18 de mayo en la Casa de la Memoria Escénica para recordar los 131 años de la caída en combate del Héroe Nacional de Cuba y el Día Internacional de los Museos.
El poeta y periodista Pablo G. Lleonart, especialista en la institución, estableció la concordancia entre Nubia y Cuba, que para él constituyen dos formas de una misma preocupación.
“Cuando el personaje define la Patria lo hace de una manera muy precisa. La Patria no es el suelo ni el paisaje. Es una relación activa frente a la opresión. Esto implica algo importante. La Patria no está dada de una vez, tiene que ser defendida constantemente.
“El conflicto central de la obra y su madre puede leerse también: Mi madre llora, Nubia me reclama. No se trata solo este de un conflicto entre lo privado y lo público, es también el momento en que el sujeto atraviesa su propia noche: duda, dolor, tensión y deber. Abdala decide, pero la obra deja ver el costo de esa decisión”.
Luis Ernesto Martínez, investigador, historiador y vicepresidente del CITMA en Matanzas, ahondó en algunas de las circunstancias que determinaron la posibilidad de conocer el poema que el Apóstol escribió con solo 15 años.
“De Abdala se ha escrito mucho y todo parece indicar que se seguirá escribiendo por mucho tiempo más. Abdala se publicó en el periódico La Patria Libre, en La Habana, el 23 de enero de 1869. Este fue el único número que se publicó de este periódico.
“Es muy raro encontrar en Cuba y en el mundo una obra escrita por alguien a esa edad que haya tenido tanta trascendencia. Fue, efectivamente, un texto juvenil, incluso infantil para los que siguen ciertas clasificaciones psicológicas o de un adolescente; que demuestra el sólido amor a la Patria, ansiosa por liberarse, que ya sentía José Martí.
“La obra de teatro o poema dramático, aquí la categorización no importa, tuvo una agónica coincidencia con la vida posterior del autor y es por tanto una escena quizás premonitoria de su propia redención”.
La mirada personal de Abel González Fagundo, especialista de la Casa, sobre el texto se enfocó en el estudio de Abdala como estructura germinal del pensamiento ético y estético de José Martí.
El poeta se refirió al poema dramático de ocho escenas como un manifiesto generacional en el que se establece el conflicto entre el amor personal y el amor a la Patria.
“Estamos ante un texto concebido para la lectura e interpretación antes que para la representación, pero que contiene la simiente de una poética que trasciende el mero reclamo poético para encarnar una profunda meditación sobre las razones últimas de la existencia humana.
“Puede ser catalogado como bélico, patriótico. No estamos ante la exaltación del yo lírico e intimista sino ante la construcción de un nosotros que se proyecta como sujeto colectivo de la historia.
“Los recursos dramáticos empleados por el joven Martín relevan ya una notable sofisticación para su edad. La alegoría política y poética, esa Nubia que es Cuba sin nombrarla, constituye un mecanismo para eludir la censura colonial de la época y también un gesto estético que universaliza el conflicto.
“La ubicación en África permite además un gesto revolucionario para su tiempo. Por primera vez en las letras cubanas, al menos que yo conozca, un héroe negro encarna los valores más elevados del patriotismo”.
Desde su perspectiva profundamente martiana, el actor, investigador, profesor y director de Teatro de las Estaciones Rubén Darío Salazar, Premio Nacional de Teatro, expresó que el teatro profesional ha tenido acercamientos hermosos con la obra de Martí desde lo infantil en puestas como Los dos príncipes, Los zapaticos de rosa, Nené traviesa.
Sin embargo, solo una vez desde lo profesional se ha asumido el reto de llevar a escena Abdala. Ocurrió en 1995, bajo la dirección y desde la estética expresionista de Armando Morales, en un espectáculo que reivindica el texto y la puesta en escena.
“Yo creo que Martí es mucho más ese desfile de las antorchas el 28 de enero. La tarea mayor es realmente alojar en cada pecho del niño, del joven o del adulto, la verdadera esencia y el propósito divino de José Martí.
“Yo creo que es el hombre que más se conoce en Cuba y el que menos se conoce. La paradoja es real. Su credo era Cuba y lo era desde que escribe Abdala, que es la firma sobre la tierra del amor por un país”.
Reynaldo Perera de Armas, investigador, historiador y director del proyecto Cuentos de una casita, pormenorizó el contexto en el que José Martí escribió Abdala, específicamente el ambiente habanero de finales de los años 60 del siglo XIX cubano.
“Lamentablemente Martí murió con 42 años. Si no hubiera muerto en Dos Ríos quizás la historia de Cuba hubiera sido totalmente diferente. Abdala no es un mero poema. Quizás si todos leyéramos un poquito y entendiéramos mejor y lleváramos a nuestro ser a Martí tuviéramos una nación mucho mejor de lo que tenemos ahora y de lo que queremos que sea”.
Por su parte, la actriz y narradora oral Dayana Deulofeu sistematizó cómo se evidencia la evolución del pensamiento del más universal de los cubanos a través de su producción literaria y su praxis.
“Hay quien dice que es un poema inocente, que tiene una visión inocente del odio al enemigo, de la guerra. Muy poco tiempo después ese mismo muchacho escribe otra cosa que es El presidio político en Cuba. No hay nada en El presidio que vaya en contra de lo que puso en el poema.
“Hay textos en la obra de José Martí que son evolutivos. Juan Marinello decía que ciertas ideas de Martí eran una unidad en ascenso. Entre ellas está la Patria, uno de los conceptos más amplios y profundos de Martí.
“Considero que lo que sí cambia en Abdala con respecto a El presidio es que primero Martí habla de un odio invencible y después pasa un presidio cruel, despiadado, el mal es tan desbordante en lo que vivió que estaba justificado ese muchacho de dieciséis años al salir de ahí escupiera odio, pero no hay nada más lejano del odio que el escrito del presidio de Martí”.
Al concluir el panel, Perera y Deulofeu explicaron sus experiencias como protagonistas de Cuentos de una casita, proyecto que procura, mediante 21 gigantografías de la casa natal de José Martí, llevar a diferentes lugares del país los objetos que atesora el inmueble de la calle Paula.
