Cita con el fuego del río celeste
La noche de este sábado 8 de agosto de 2026 despidió a las Eta Eridánidas con su último gran acto, un enjambre que encendió la oscuridad con cinco o seis trazos veloces por hora en cielos limpios.
La medianoche, marcó el umbral perfecto para mostrar unos de los fenómenos celestiales que ofrece agosto para los espectadores curiosos y entusiastas de la astronomía.
La lluvia de meteoros, se pudo observar a simple vista desde los parajes oscuros. Cuya naturaleza son los restos polvorientos de un cometa ancestral, y cada partícula se precipita a la atmósfera como una centella fugaz que araña el manto nocturno.
La constelación de Eridanus, ese río mitológico, se alza como un faro en el sureste para guiar la mirada perdida entre las estrellas.
La ocasión sirvió, para una velada con amigos, familiares, una escapada de parejas o el sencillo placer de observar en solitario la grandeza del cosmos.
Sin embargo, para aquel que no haya podido apreciar el espectáculo. No sé desanime. En próximos días el cielo depara otras sorpresas como un eclipse lunar total o la rara alineación de seis planetas de nuestro sistema solar.
Mas el alba como un tirano de luz enterró la danza bajo un manto de azul, y con sus primeros rayos oculta definitivamente los meteoros. Al levantar la mirada a contrarreloj solo quedó el recuerdo de esos trazos de plata que bailaron una noche de agosto.
