6 de julio de 2026

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Marquitos vencerá gracias al cuidado de muchos

Con sus cinco meses de vida Marcos Sánchez Méndez no es consciente aún de que la mayor parte de su breve existencia la ha pasado en el hospital Padiátrico Eliseo Noel Caamaño. Allí permanece desde que fue remitido de urgencia tras una aguda complicación que puso en peligro su vida.

Su joven madre Roxana le arropa con delicadeza y cariño, y cada gesto de amor va acompañado de cierto sobresalto del que aún no logra desprenderse.

La progenitora rememora aquellos días aciagos en que el bebé se debatía entre la vida y la muerte.

Tras el alumbramiento, y una vez de regreso a casa en su natal Guásimas, ella notó que el niño no estaba bien. Lloraba con insistencia y rechazaba la leche materna. «Él, que es tan glotón», agrega la madre.

Entonces comenzó con descompostura estomacal y seguidamente iniciaron las primeras convulsiones.

«Fueron instantes desesperantes, solo apelé a rezar al cielo y encomendé a mi niño a la sabiduría de los médicos», comenta Roxana, desde la sala de Terapia Intermedia, donde ha permanecido más cuatro meses.

La inmediatez de los especialistas logró la sobreviviencia del pequeño. Primero lo estabilizaron en Cárdenas, luego lo trasladaron al Hospital Materno, y el 25 de febrero arribó al Pediátrico.

«Los primeros meses fueron difíciles, de total incertidumbre y temor por la salud de mi hijo. Estuvo reportado de grave, no respondía a ningún estímulo».

La situación de la mamá se hizo muy compleja, al tener que distanciarse de sus otros tres hijos, pero reconoce que ha contado con el apoyo del esposo y la familia, y sobre todo del personal de la institución médica.

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La especialista en Primer Grado de Pediatría, Doctora Zuraida Rivera Díaz, explica que Marquitos fue un bebé que tras nacer fue dado de alta al no mostrar ningún síntoma o padecimiento.

A los 12 días de nacido comienza con un cuadro convulsivo que lo lleva al hospital.

«Una vez en el centro de salud, los primeros estudios arrojaron una hemorragía intraventricular producto de una malformación de la vena de galeno presentando posteriormente
una hidrocefalia obstructiva.

«Este padecimiento obligó a mantenerlo ventilado durante dos meses y medio, por lo que se hace necesario realizarle una traqueotomía», comenta la doctora.

Durante ese periodo de tiempo padeció, según palabras de la galena, mucho deterioro nutricional. A la aguda situación física se sumaba intolerancia a los lácteos.

«Fue una batalla de días, semanas, que mantuvo en vilo a todo el equipo médico, hasta que comenzó a recuperar peso y sentimos como si hubiéramos ganado una gran batalla.

Hoy el pequeño se encuentra en la etapa de rehabilitación donde intervienen los fisioterapeutas, con el fin de lograr decanularlo, es decir, quitarle la traqueotomía», explica la especialista.

Dentro de poco podrá regresar a casa y llevar la vida con total normalidad.

La doctora agradece el trato y comprensión de la madre, quien ha congenionado muy bien con el «team» médico, siempre dispuesta y solícita a cualquier sugerencia médica.

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La joven Roxana asegura que tiene el corazón compartido. Una parte late con fuerzas cuando detiene los ojos en su pequeño Marquitos, mientras la otra viaja hasta Guásima, cuando se pregunta cómo amanecieron sus tres hijos pequeños que apenas la han visto en estos meses.

Una que otra vez logra viajar hasta allá para compartir con ellos un rato, pero no logra pasar más de una noche lejos de su bebé ingresado.

Por suerte para ella, constatar la mejoría del pequeño le llena de optimismo. Cada jornada agradece la favorable evolución.

«Tengo mucho que agradecer, hoy mi hijo respira gracias a los médicos de aquí. Ya logra comer porciones pequeñas, lo que representa un gran logro».

Esas pequeñas victorias en el paulatino restablecimiento de su hijo le hacen olvidar por un instante el fuerte dolor que a veces se aloja en su espalda al permanecer tantas horas en un sillón.

Ya apenas se asombra cuando observa la inflamación de sus pies, «puedo decir que ya no tengo costillas, ni cervical», intenta jaranear pero
le sale un suspiro que de no desviar la conversación podría prorrumpir en llanto.

«Es una gran prueba que me ha puesto la vida, pero nunca me he sentido sola, gracias a mi familia, y en especial al apoyo del personal del Pediátrico he logrado sortear esta difícil situación. Muy pronto, gracias al apoyo incondicional de tantas personas de este hospital, mi niño Marquito vencerá y regresará a casa con sus hermanitos».

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