Antorchas en las calles
Cada 27 de enero, cuando la noche se adueña de las calles, estudiantes de preuniversitario, jóvenes universitarios, trabajadores y familias enteras comienzan a agruparse en los puntos de concentración.
Las antorchas aparecen y se multiplican rápidamente entre la muchedumbre. El fuego se expande alumbrando perfiles.
La Marcha de las Antorchas, en vísperas del natalicio de José Martí da inicio y comienza a moverse el mar de luces que titilan en la oscuridad, se agitan, retroceden ante el viento y vuelven a afirmarse. El fuego avanza calle abajo, sosteniendo una larga columna de cuerpos y gritos de consigna.
Desde puertas y balcones de la calle Milanés, vecinos observan, graban con sus teléfonos capturando segundos de una tradición que de seguro los supera en años.
La ciudad, tantas veces sumida en una rutina desgastante y dificultades cada vez más reacias se reconoce, por un instante, en ese río de llamas que desciende hasta el Parque de la Libertad.
Todo cubano ha crecido escuchando el nombre de José Martí en cualquier lado, pero aquí, en este momento, se siente de otra manera.
Martí está presente; no solo es el héroe del busto en el patio de la escuela, sino el que habló de la dignidad del pobre, de la decencia, del patriotismo, del latinoamericanismo, de la unión patriótica, de la fuerza política.
En las banderas que ondean, en los coros y en los carteles está el intento de traer al presente a aquel que escribió “con todos y para el bien de todos”.
Esta marcha cada año reafirma su carácter convocante y su función como espacio de encuentro intergeneracional con un único objetivo, conmemorar el natalicio del Apóstol, su vida y obra confirmando que el fuego de la historia aún arde en la memoria del pueblo.
- Por: Fabianny Rodríguez Domínguez, estudiante de Periodismo
