15 de abril de 2026

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Naborí en Girón: Pudo más el poeta

A Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí que inmortalizó en versos la historia de Nemesia, se le reconoce en Cuba como el extraordinario poeta e improvisador que fue, pero pocos saben que llegó a Girón como periodista, corresponsal de aquella guerra tan breve como histórica.

Aunque la epopeya de Girón motivó a varios importantes poetas cubanos, en cuyas obras quedó la historia grabada en versos, uno de ellos trascendió como nadie en la memoria popular de aquellas 66 horas de épico enfrentamiento a la invasión mercenaria, con la conmovedora historia de una niña cenaguera que perdió parte de su familia y unos añorados zapaticos blancos, bajo el bombardeo de los invasores.

A Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí que inmortalizó en versos la historia de Nemesia, se le reconoce en Cuba como el extraordinario poeta e improvisador que fue, pero pocos saben que llegó a Girón como periodista, corresponsal de aquella guerra tan breve como histórica.

Su hijo, el también poeta Fidel Antonio Orta, director de la Oficina de Investigación y promoción cultural “Indio Naborí”, me ha contado que al momento de la invasión, el 17 de abril de 1961, su padre se encontraba en Varadero, al frente de una delegación artística que tenía la misión de acompañar a los alfabetizadores que, ante la inminente agresión, habían sido concentrados en el balneario matancero.

Mario Díaz (Coordinador Nacional de la Campaña), Raúl Ferrer (vice Coordinador Nacional) y Gilberto Ante (fotógrafo) acompañaban a Naborí -quien también cumplía allí tareas de corresponsal del periódico “Hoy” y la revista “Bohemia”-, cuando recibe una llamada de Celia Sánchez.

La heroína de la Sierra, cumpliendo una orden directa del Comandante en Jefe, le orienta trasladarse a Girón y localizar, de inmediato, a una niña campesina, Nemesia Rodríguez quien, como consecuencia del ataque, había sido víctima de una gran tragedia familiar. Fidel sugiere que el Indio escriba un detallado artículo sobre el doloroso hecho. Pero, al encontrarse con la niña, y conversar con ella, el poeta convirtió en versos las notas del periodista. Fue así que nació la célebre “Elegía de los zapaticos blancos”.

Según Fidel Antonio repasa los hechos de entonces y reconoce que, bajo las circunstancias del ataque, “en Naborí funcionó mucho más la emoción poética que la periodística, dado que todos los textos publicados por él, como corresponsal, salieron en versos. Es así como la poesía épica, dirigida a las grandes masas, como testimonio escrito de la epopeya, le aportó a su labor, en medio del combate, una mayor trascendencia. Dicho de otra manera: El Indio Naborí logró una mixtura verso-periodismo que fue muy bien recibida y comprendida por el pueblo. Todos sus textos (15, 16, 17, 18 y 19 de abril) fueron publicados en la sección “Al Son de la Historia” del periódico “Hoy”.

Como es conocido, el poema que más impacto y vigencia tuvo (hasta la fecha de hoy), no podía ser otro que la “Elegía de los zapaticos blancos”, que fuera recitado, por primera vez, en la voz de la actriz Alicia Fernán, el 19 de abril de 1961 en el noticiero “Venceremos” de la televisión cubana, exactamente a la una de la tarde.

ELEGÍA DE LOS ZAPATICOS BLANCOS

(17 de abril de 1961. Girón (Bahía de Cochinos). La niña campesina Nemesia Rodríguez Montalvo sufre las consecuencias de un macabro crimen. “…Yo iba sentada sobre una caja de madera, llevaba cargado a mi sobrinito de seis meses y cerca los zapaticos blancos. Entonces el avión comenzó a disparar. Mi mamá cayó, la habían herido en el vientre y en el brazo. A mi abuela una bala la hirió en la columna, quedó inválida. A mi hermano le atravesaron una pierna y un brazo…Poco después mi papá me bajó del camión. Él le había puesto una sábana a mi mamá y no se le veía la herida de la cintura. Por eso yo creía que estaba viva. Entonces el viento levantó la sábana y vi la herida. Tenía todo afuera. Yo vi a mi mamá por dentro…”).

Vengo de allá, de la Ciénaga de redimido pantano…

Traigo un manojo de anécdotas profundas, que se me entraron por el tronco de la sangre

hasta la raíz del llanto.

Oídme la historia triste

de unos zapaticos blancos…

Nemesia –flor carbonera– creció con los pies descalzos.

¡Hasta las piedras rompía con la piedra de sus callos! Pero siempre tuvo el sueño de unos zapaticos blancos. Ya los creía imposibles, los veía tan lejanos

como aquel lucero azul que en el crepúsculo vago abría su flor celeste

sobre el dolor del pantano.

Un día llegó a la Ciénaga algo nuevo, inesperado, algo que llevó la luz

a los viejos bosques náufragos. Era la Revolución,

era el sol de Fidel Castro. Era el camino triunfante sobre un infierno de fango.

Eran las cooperativas

del carbón y del pescado. Un asombro de monedas en las carboneras manos, en las manos pescadoras, en todas, todas las manos.

Alba de letras y números sobre el carbón despuntado.

Una mañana… ¡qué gloria! Nemesia salió cantando.

Llevaba en sus pies el triunfo de sus zapaticos blancos.

Era la blanca derrota

de un pretérito descalzo.

¡Qué linda estaba el domingo Nemesia con sus zapatos!

Pero el lunes…despertó

bajo cien truenos de espanto.

Sobre su casa guajira volaban furiosos pájaros. Eran los aviones yanquis, eran buitres mercenarios. Nemesia vio caer muerta a la madre. Vio sangrando a sus hermanitos. Vio

un huracán de disparos agujereando los lirios

de sus zapaticos blancos. Gritaba trágicamente:

¡Malditos los mercenarios!

¡Ay, mis hermanos! ¡Ay, madre!

¡Ay, mis zapaticos blancos! Acaso el monstruo se dijo: “Si las madres están dando hijos libres y valientes,

¡que mueran bajo el espanto

de mis bombas!.. ¡Quién ha visto carboneros con zapatos!”

Pero Nemesia no llora: sabe que los milicianos rompieron a los traidores que a su madre asesinaron. Sabe que nada en el mundo –ni yanqui, ni mercenario–

apagará en esta Patria

este sol que está brillando, para que todas las niñas

¡tengan zapaticos blancos!

  • Arleen Rodríguez Derivet/ Cubadebate

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