24 de julio de 2024

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El artista Lorenzo Padilla y su regalo a Matanzas

“A pesar de estar en el extranjero muchos años, Matanzas tiene para mí una gran importancia”, confesó el artista Lorenzo Padilla en un momento de sensibilidad ante el auditorio en la casa social de la UNEAC, durante el espacio Café Mezcla´o, conducido por Alfredo Zaldívar Muñoa.

“A pesar de estar en el extranjero muchos años, Matanzas tiene para mí una gran importancia”, confesó el artista Lorenzo Padilla en un momento de sensibilidad ante el auditorio en la casa social de la UNEAC, durante el espacio Café Mezcla´o, conducido por Alfredo Zaldívar Muñoa.

En verdad, al artista visual Lorenzo Padilla lo bendicen la musa griega Kora y los orishas del panteón yoruba;  a Lorenzo Padilla el coleccionista, donante de la quinta mejor colección del mundo especializada en arte africano, lo abraza Matanzas, su ciudad natal, a quien ha regalado una enorme fortuna patrimonial.

Homenaje recibió este pintor y escultor que nació en 1931. Los que conocen a su familia de antaño, recuerdan que su hogar de la niñez radicaba en la calle Zaragoza, entre Santa Isabel y Salamanca, muy cerca del Estero y del Pompón, el límpido manantial que desemboca en el río Yumurí.

Cuenta el virtuoso con 92 años de edad, más de tres décadas vividas, primero en España y después en Francia, asentado en las plazas parisinas hasta crear una Fundación. En esa estancia llegó a comprar las más de 500 piezas africanas, de un valor millonario, que se exhiben en el Museo de Arte, fundado en su honor en 1998 en la Atenas de Cuba y que hoy lleva también su nombre.

Zaldívar, Premio Nacional de Edición y reconocido escritor y promotor,  invitó al estrado del patio La fuente de Vulcano a la cantante Olga Margarita Muñoz junto al guitarrista Mayito Guerrero y al joven chelista, Dayrán Mirabal, que interpretó la canción preferida de Lorenzo, la célebre La vie en rose, a la escritora y narradora oral Cecilia Soto, así como a otros creadores que quisieron rendir tributo al relevante pintor.

Asimismo, el también director de Ediciones Matanzas y de la Casa de las Letras Digdora Alonso, cedió la palabra a la especialista y curadora principal del Museo de Arte, Yamira Gordillo, quien apuntó detalles de su evolución pictórica e informó que en días recientes el maestro donó al museo las últimas cinco piezas de su colección particular, un patrimonio que entrega en amor a su comunidad natal.

“El agradecimiento de los matanceros debe trascender el tiempo actual, señaló Yamira, pues lo donado es de una riqueza espiritual y material incalculables, como son los grabados ofrecidos también a la institución museística.”

En el momento de la entrevista, a cargo de Maylan Álvarez, conocimos interioridades de su vida, inmersa en un caudal de sentimientos:

“Viví 37 años fuera. Llegué a hablar el francés mejor que el español, sin embargo, volví.  En mi pintura está reflejada mi persona. No sé hacer otra cosa que pintar.”

Aunque, le dijo Maylan, también le dominó la pasión por el coleccionismo.

“La colección de arte africano la conseguí poco a poco. Cada vez que vendía un cuadro, compraba una o dos piezas, así fui coleccionando y solo pensaba en Matanzas. No quería dejarla en otro sitio, quería darle este regalo a mi ciudad natal… Mi ilusión era poder abrir un museo con esas obras y me escucharon y existe con valiosas creaciones del arte universal, nacional y de esta tierra, junto a mi colección especial como tributo a nuestras raíces.”

La tarde sirvió de acogida para una invitada de Canadá, la escritora Lucielle Lachapelle, quien acompañada de la joven Náthaly Hernández, conversó sobe su obra literaria y agradeció las atenciones recibidas en su estancia en esta ciudad, como parte de un convenio institucional.

Presentes en el agasajo se encontraban José Manuel Espino, presidente de la UNEAC; y los directores Marislay Martínez Junco, del Centro provincial de  las Artes Visuales; Raúl Molina, del Museo de Arte Lorenzo Padilla y Frank Santana, del Centro de Promoción José Jacinto Milanés; además de amigos, colegas y personalidades, entre ellas, la también nonagenaria cantante Anneris Cánovas.

Tarde de homenaje al tenaz artista que continúa pintando en su estudio de la calle Jovellanos obras abstraccionistas que  marcan su sello en esta segunda década del siglo XXI.

Apuntes de Lorenzo Padilla de su puño y letra

El hombre que realiza arte, no hace la guerra.

“Nací en 1931 en Matanzas, en el seno de una familia humilde y cariñosa. Desde pequeño deseaba ser músico porque quería seguir el camino de mi padre. A pesar de todo, el dibujo me apasionaba: me divertía ilustrando los libros de escuela de mis primas.

“Mi tío Carlos guardaba mis dibujos y cuando tuve diez años fue a enseñar mis pequeños trabajos al profesor Alberto Tarascó. Este último adoró mi trabajo y propuso a mi tío Carlos darme clases en su Academia. Alberto Tarascó me concedió inicialmente una beca de un año, pero finalmente permanecí en la Academia hasta mis 16 años.

“Mi profesor quería que entrara en Bellas Artes, pero mis padres no deseaban que me comprometiera en el camino de la pintura. Querían que fuera abogado. Después de numerosas discusiones e insistencias, mis padres aceptaron finalmente que entrara en Bellas Artes. Entonces me gradué de profesor de pintura.

“Nunca agradecería lo suficiente a mi tío que tanto trabajó para que yo descubriera mi vocación. Pintaba sin parar, todo lo que veía. Me apasionaban los grandes pintores que eran para mí contemporáneos o no: Wifredo Lam, Ponce de León, Carlos Enriquez…

“Más tarde tuve la gran suerte de encontrar a Wifredo Lam en Paris, gracias a mi esposa, Gracia, porque su padre, el famoso arqueólogo y poeta Robert Ganzo, era un gran amigo del Maestro.

“En aquel tiempo estábamos en Montparnasse, íbamos a LA COUPOLE y éramos cercanos del gran Cárdenas. Nos encontrábamos con Von Dongen, Zadkine, Foujita y su mujer Fernande Barrey.

“¿Por qué haber creado un Museo de Artes en Matanzas ?

“Cuando era estudiante tenía que ir a la Habana para contemplar obras originales porque no había museo en Matanzas. Entonces decidí que si un día podía, crearía un museo en mi ciudad natal. Ese día llegó y entonces pude dotar a Matanzas de un museo de arte. Lo suministré con mis propias creaciones y mis colecciones personales.

“Como por ejemplo, con 800 grabados originales, de los cuales son algunos Rembrandt y con los regalos que me habían hecho mis amigos pintores que he conocido a lo largo de mi vida. Además, fiel a mis orígenes, abastecí también el museo con obras originales de arte africano porque soy muy sensible a la cultura afrocubana. 

“Matanzas es mi ciudad natal. Es bella y toda azul. La bahía de Matanzas es tan grande como la bahía de Santiago de Cuba. Algunos grandes ritmos cubanos surgieron en Matanzas: el danzón, el guaguancó, el mambo también…

“Mi sueño para el museo sería adquirir una gran obra reconocida internacionalmente para que vengan a admirarla y en la misma ocasión admiren los trabajos de maestros olvidados o desconocidos. Deseo que el Museo de Matanzas se convierta en el más grande del mundo dedicado a los artistas desconocidos u olvidados del planeta.”

“¿Por qué una Fundación ahora ?

“Voy a morir con un pincel en la mano, pero esperando mi deseo más querido: ayudar a los artistas desprovistos en desarrollar su arte. De pequeño, sufrí la carencia… Entonces, me juré que ayudaría a los artistas más desprovistos, principalmente en Cuba, en Francia y en el extranjero. 

“El arte es necesario en el mundo. El hombre que realiza arte o que se interesa por ello, no hace la guerra. Estoy a favor de la belleza del mundo. Quiero que la guerra pare. Amar, no guardar rencor. La pintura y el arte están hechos para los demás.

“El arte permite respirar y acercar a los pueblos. No tuve la suerte de lanzarme con la ayuda de alguien, entonces quiero brindar esta oportunidad a los demás. Después de la Revolución Cubana obtuve una beca de esta misma Revolución. Era revolucionario de primera hora. Soy y seré siempre un revolucionario, mediante el pincel, quiero ayudar a mi país: es mi arma.

“Quiero también que Cuba se convierta en una referencia artística en términos de pintura. Quiero poner el arte al alcance de todos, ir a presentar exposiciones en los lugares más recónditos del planeta: el arte es para todo el mundo. Mi nieto, David Padilla y su esposa, Marie, me ayudan en esta búsqueda. Están muy comprometidos. Al igual que mi hermano Pedro Padilla. Quiero dedicar la fuerza de la fundación, al igual que a Gracia, mi difunta esposa, mi inspiradora: la extraño tanto, pero siempre permanece en mi corazón.

“¿Cuáles son mis mayores referencias?

“El más grande para mí es Diego Velázquez; es el precursor del Impresionismo, tiene las pinceladas de la libertad. Pero también se encuentra Goya, Greco, Turner, Monnet. Mi sueño sería estar en la línea de estos grandes artistas. Digo esto sin pretensión, no imito a nadie, me inspiro. Espero que un día hablaran de mí como un gran pintor, pero sobre todo como un gran benefactor.”

(Apuntes publicados en la web fondationlorenzopadilla.org)

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