18 de mayo de 2024

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Ernesto Blanco: un hombre apasionado a la historia y a Cárdenas

Ernesto Aramís Álvarez Blanco ha formado parte de la Ciudad Bandera desde niño y a pesar de haber vivido durante unos años en España, donde hizo más intrínseco su lazo con la historia, comenta que nunca ha podido escribir o dar a luz a lo que él considera sus "hijos", en otro lugar que no sea su pequeño terruño.

Ernesto Blanco: un hombre apasionado a la historia y a Cárdenas

Ernesto Aramís Álvarez Blanco ha formado parte de la Ciudad Bandera desde niño y a pesar de haber vivido durante unos años en España, donde hizo más intrínseco su lazo con la historia, comenta que nunca ha podido escribir o dar a luz a lo que él considera sus «hijos», en otro lugar que no sea su pequeño terruño.

El Hijo Ilustre de Cárdenas desde dos mil trece e historiador de la misma desde dos mil dos hasta dos mil once tiene en su posesión una colección compuesta por dieciséis libros, varios premios, artículos periodísticos, entre otros, y constituye uno de los principales referentes vivos, dentro del territorio nacional, en cuanto a la figura de José Antonio Echeverría se refiere.

La devoción de Ernesto por «Manzanita» y la «tierra del cangrejo» lo han impulsado a investigar hasta el más mínimo detalle del líder estudiantil.

“Desde muy pequeño me vinculé a los museos de la ciudad, llegando al Oscar María de Rojas a muy corta edad y gracias a mi madre, amiga de René Hernández Martell, quien fuera entonces director de la institución, a la que he destinado gran parte de mi obra.

“Fue en ese espacio, rodeado de piezas de valor incalculable y de amantes de la historia de Cárdenas donde comenzó mi sentir por esta ciudad, el cual perdura en el tiempo y es cada día más intenso, a tal punto que no imagino mi vida en otro lugar”.

Urbano Martínez Carmenate, historiador y ensayista yumurino, vio por primera vez a Ernesto cuando este era apenas un niño.

“Hace muchos años que conozco a Ernesto Álvarez Blanco, no sé precisar cuántos. Mis recuerdos llegan hasta la década de los años ochenta del pasado siglo XX. Entonces yo escuchaba a Lázaro Miranda y a otros especialistas del museo cardenense hablar sobre la inteligencia de Ernestico.

“Desde pequeño se paseaba con confianza por el museo. Más tarde fue mi alumno en el curso provincial de museología y el mejor expediente.

“Como investigador es de lo mejor que ha dado Cárdenas en estos tiempos. No creo que nadie lo supere porque, además de su magnífico trabajo, sobresale por algo que no abunda, su capacidad para colaborar con los demás.  No le niega ayuda a nadie y en todo momento está dispuesto a compartir la información en su poder, lo sé por experiencia. Todo eso vale, mis respetos”.

Arnaldo Batista Alonso, Máster en Conservación del Patrimonio Cultural, y amigo de Ernesto comenta que sus primeros encuentros tuvieron lugar durante el dos mil dos cuando ambos trabajaban en el Museo Oscar María de Rojas.

“En aquella época él aun trabajaba en el museo atendiendo la colección de numismáticas, una de sus pasiones, independientemente de la historia local. Ernestico, como le decimos sus colegas, estuvo durante todo el fuerte proceso de montaje del museo.

“La clasificación de las piezas, la organización de la museografía, la distribución de las vitrinas y la inauguración, no hubiesen sido logradas sin él, quien además ejercía como historiador del municipio por entonces. Esos fueron mis inicios, en los que siempre pude contar con Ernesto y sobre todo con su respeto por la labor de la juventud a la par de su total confianza en la misma.

“Es un ser humano con una humildad de palabras mayores, una persona cercana a la que le gusta el diálogo y que es propensa a confrontar el criterio. Indagar, buscar el detalle siempre, ¿qué motiva los hechos y cómo hubiesen sido estos en condiciones distintas? son características muy suyas.

“No obstante, de lo más impresionante resulta su capacidad de llevar toda información histórica, que quizás pueda resultar tediosa o extensa a medios como la radio y la televisión.

“Tenía una forma muy interesante y muy particular de hablar, es un gran comunicador de la historia. Esa es una arista en la que Ernestico está consagrado como uno de los grandes historiadores cardenenses.

“De su obra es necesario reconocer su acertada investigación sobre la figura que le da nombre al principal museo de Cárdenas, Oscar María de Rojas, y su contribución a la historia local. Ernesto debe ser una fuente primigenia si de la historia cardenense se trata. El hecho de tener la constancia, la perseverancia para resarcir todos los errores y las lagunas existentes en los textos publicados de la historia de Cárdenas, ese es su mayor valor”.

La esposa de Ernesto, Madelayne Fernández Vera, Made, como me permite llamarla, prefiere referirse a él desde un punto de vista más sentimental.Ernesto Aramís Álvarez Blanco.

«Erne es una de las personas más inteligentes que yo conozco, a pesar de ser un enamorado de la historia, puede conversar sobre cualquier tema porque tiene una cultura general muy amplia.

“Posee el don de la palabra. Es alguien sencillo y que aparenta ser común, pero cuando habla, todas las personas quedan hipnotizadas.

“Eso lo he vivido a lo largo de los años en muchas conferencias, el público llega con una expectativa y cuando lo ven creen que va a ser algo simple. Sin embargo, cuando dice la última palabra te das cuenta de la motivación y el interés que despertó en la gente.

«Una de sus mayores virtudes es que es demasiado puntual. No le gusta llegar tarde y si tiene que viajar para llegar a algún lugar lejano, nunca se confía. Siempre tiene que llegar antes o en el momento. Tiene ese hábito.

“Ernesto es muy sincero y muy amigo. Su amistad es eterna y sus amigos son para siempre.  Puede que pasen muchos años sin verse pero cuando lo necesitan, él está presente. Aunque es muy rencoroso. No olvida las malas acciones y es incapaz de perdonar.

“Hace años él estuvo muy enfermo y nunca estuvimos solos. Ajenos a la familia eran muchos los que se preocupaban por su estado de salud. Desde los funcionarios del Gobierno hasta las entidades religiosas. Muchos dentro y fuera de Cuba, incluso personas desconocidas, se mantenían al tanto de la salud de Ernesto.

“De sus gustos puedo mencionar que adora el chocolate. Cada cumpleaños o aniversario yo le regalo alguno que pueda conseguir y con la única persona que los comparte es con su ahijada, quien además es su orgullo porque se desempeña en lides vinculadas a las suyas. Es una persona muy dedicada a su familia. Fue un hijo maravilloso, ha sido un padre espectacular y también un abuelo especial.

“Como esposo no tengo quejas, a pesar de los años que llevamos juntos todavía me enamora, siempre está pendiente de mí, del detalle, de lo que necesito o de lo que quisiera y de la misma forma es con toda la familia. Es muy del hogar, muy amante a su casa y a sus libros.

“Además de ser mi esposo es también mi amigo y es la persona con la que puedo contar incluso aunque estemos en desacuerdo. En cuanto a las discusiones, con él es mejor no tenerlas porque al ser una persona tan instruida y con muchas herramientas, te convence fácilmente.

“Bueno, fíjate si es así que…todavía recuerdo esta historia y me da genio, lo que pasa es que al final, él me envolvió, como siempre.

“En el 90, él tenía una colección de monedas que había reunido durante mucho tiempo. Eran más de 300 monedas de numismática francesa y entre ellas había una cantidad considerable de piezas napoleónicas pertenecientes al gabinete de Francia. Esa colección estaba valorada en 32 mil dólares.

“¿Y qué crees que hizo Ernesto? Ni siquiera pensó en venderlas, donó todas sus monedas al museo porque pensaba que no era ético tener una de las mejores y más valiosas colecciones de monedas  en Cuba, siendo el técnico que atendía la colección de numismáticas.

“¡Sabe dios cuánto costaría hoy todo eso! A pesar de ser una persona con un nivel cultural abismal, es muy afable. Él puede ser amigo o conocido tanto de un guardaparques como de un ingeniero. Reconoce de igual manera a un ministro que a una persona cualquiera y a todos los trata con el mismo respeto. Debido a esto es muy querido. Si nosotros salimos no falta lugar donde no lo saluden y se preocupen por su bienestar.

“Una de las historias más graciosas que nos ha sucedido fue cuando la Asamblea del Poder Popular prohibió a los coches circular por calle Real. Durante ese encuentro, Ernesto fue el único que no estuvo de acuerdo con la medida y esta fue aprobada por la mayoría.

“Luego de eso estuvimos cerca de tres meses montándonos en los coches y los dueños no nos cobraban. Le decían que él era el único historiador que los había defendido y hoy aún muchos continúan llevándolo sin cobrar un centavo, en agradecimiento.

“Él siempre está dispuesto para la gente. Lo mismo vienen los niños de primaria que los universitarios en busca de asesorías o de respuestas a sus dudas históricas. Incluso ha llegado a lugares donde se reúnen los cardenenses a hacer tertulia y ha ejercido de juez, sin saberlo, en apuestas populares porque su palabra es muy respetada. Vivir con Ernesto también implica que es una persona extremadamente demandada. Lo llaman todo el tiempo y cuando él está trabajando o escribiendo sus libros, yo me convierto en una especie de barrera. Soy su esposa pero también su secretaria y su telefonista. Sin embargo, para mí nunca ha sido un sacrificio estar con él ni con todo lo que significa su carrera.

“Ernesto tiene mucha facilidad para escribir. Una vez que posee los datos o la información que necesita, redacta en cuestión de nada. No obstante, no tiene la misma destreza para apretar tornillos. Ese tipo de tareas manuables son para él lo más difícil, pero con un lápiz o una pluma en su mano te redacta un manifiesto.

“El sueño de Ernesto siempre fue hacer el libro de historia de Cárdenas. Este fue un proyecto que se pospuso durante mucho tiempo debido a otros libros, hasta que en un momento de estabilidad donde él ya estaba recuperado totalmente de su enfermedad, yo le propuse comenzar a materializar ese sueño, sin otros compromisos editoriales.

“En un período sabático correspondiente a un año y seis meses Ernesto terminó este libro que aún no ha sido publicado y que tiene la particularidad de ser un libro diferente, un libro de historia con historias”.

Delkis García Mesa, licenciada en Historia y trabajadora jubilada del Museo Palacio de Junco, en Matanzas, trabaja desde 1986 en el campo de la museología, de la archivística y de la investigación, y es otra de las colegas que insistió en comentar sus impresiones sobre Álvarez Blanco.

“Conozco hace muchos años a Ernesto y su obra tiene un valor trascendental porque contiene uno de los estudios más serios que se han hecho desde el punto de vista histórico de la ciudad de Cárdenas.

“Su obra yo la subdivido, primero en el campo de la museología, que fue donde lo conocí. Siendo todavía un museólogo, los aportes que dejó para el Oscar María de Rojas son incuestionables, partiendo de su afición como coleccionista.

“Él ha aportado en conocimientos pero también en colecciones importantes de su patrimonio personal al museo y eso es digno de valorarse. No es sencillo desprenderse de un bien creado durante tanto tiempo y saber entregarlo para una función pública. Por otra parte, el campo de la historia local ha llevado a Ernesto a revitalizar, reestudiar y reinterpretar la historiografía de Cárdenas, otorgándole a los hechos locales un valor contemporáneo y actualizado. Bien ahora, es preciso aclarar que la obra de Ernesto se ha extendido más allá de los ámbitos locales como es el caso de sus trabajos sobre José Antonio Echeverría, figura de relevancia nacional, y sus estudios sobre la región del Cobre y la historia y el mito de la Virgen de la Caridad.

“Puedo atreverme a decir que, actualmente, es uno de los historiadores más serios que tiene la historiografía contemporánea en Matanzas y en Cuba y debe ser considerado un estudioso de referencia por el alcance y el prestigio de su obra.

¿Ernestico, mi vecino historiador?, me decía Mirena Rodríguez, una de sus colindantes hace muchos años, cuando le preguntaba.

“Simple: el orgullo de todos en el barrio, el consejero preciso, el teléfono público, la brújula local, el pacifista, el comediante, el educador, un personaje mágico multipolar donde se funden un orador magistral, un alma noble y el más humilde de los vecinos.

“Mi bebé no era más que una sombra en un papel, no tenía sexo ni forma definida, ni siquiera un nombre pero ya estaba decidido, Ernestico será el padrino.

“Agradecida siempre con mi compadre por aceptar el reto y permitirme el privilegio de una casa sin puertas, pared con pared».

Por: Samantha Fierro Rodríguez

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