14 de septiembre de 2026

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La vida en un trapecio, un libro desde y para la belleza

El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí. Para quienes no conocieron a Sigfredo Ariel, la lectura de La vida en un trapecio devendrá hermoso recuerdo de quien mucho aportó no solo a la literatura cubana.

Para quienes gozaron el privilegio de compartir con él, aún más aquellos que estuvieron entre sus cercanos , adentrase en las páginas del texto, merecedor del Premio Nacional de Edición al Mejor Libro del Sistema de Ediciones Territoriales, representará la oportunidad de revivir el recuerdo del bróder de la luz.

Consulte además: https://www.radio26.cu/noticias-de-matanzas/cultura/conceden-premio-a-la-mejor-edicion-de-libros-a-intelectuales-matanceros/

“¿Por qué la vida en un trapecio? Por un personaje que le impresionó muchísimo al propio Sigfredo de un texto de William Saroyan. Entonces ahí está Sigfredo, en ese trapecio que fue su vida.

“Yo hice primero la selección de los textos, algunos de conjunto con Zaldívar, otros indicándome y fue de Reinaldo González la idea de publicar algo en torno a Sigfredo Ariel. Nos sentamos durante muchas tardes, primeramente a tallerear; yo hice una primera edición de los textos y después nos sentamos a trabajar cada uno de manera independiente.

“Realmente fue maravilloso e inolvidable para mí ese primer momento al tener en bruto cada uno de los textos. Yo fui la primera mano y Zaldívar el puntillazo final. A la hora de maquetar cada imagen cayó por su propio peso.

«Fue bellísimo porque todo el trabajo de ilustración de Sigfredo es pura magia, es bosque, es enramadas, son personajes al natural que él en alguna vez tiene que haber visto. Creo que es una joya de ilustración que comprende el libro”, Maylan Álvarez Rodríguez, periodista, poeta y una de las editoras del libro.

“El libro de Sigfredo fue una idea inicial de Reynaldo González que quería fuera en Matanzas donde se hiciera esa selección de textos que se acercaban a la vida de Sigfredo Ariel, uno de los grandes poetas cubanos, que realizó también una obra importantísima, por más de 25 años, como radialista, uno de los conocedores de la música cubana, un estudioso y musicólogo, musicógrafo que dejó también escritos varios libros sobre la música cubana”, Alfredo Zaldívar Muñoa, poeta, promotor cultural, editor del volumen.

Nueve amigos (de los cientos que cultivó a lo largo de su vida breve pero intensa), dan fe de quien fue y sigue siendo un imprescindible en la cultura cubana, expresó Laidi Fernández de Juan durante la presentación de La vida en un trapecio en Matanzas.

“Estaba el tema de que mucha gente se acercó a su obra en vida y luego de la temprana muerte, hace seis años, de quien ha dejado una obra en todos estos campos: la música, la literatura; en fin, empezamos a ver cuántos escritores y artistas se habían acercado a su obra y tratamos de hacer esta compilación”, refiere Zaldívar Muñoa.

Reynaldo González retrata al poeta de la luz desde sus inicios hasta sus más íntimas confesiones; Alfredo Zaldívar comenta su relación con Matanzas; Arístides Vega Chapú y la propia Laidi se refieren a Sigfredo artista pero sobre todo humano; Edelmis Anoceto y Derbys Domínguez ofrecen lecturas con carácter ensayístico, insertando a Ariel como uno de los más elaborados poetas de su generación. Se suman los testimonios de Marta Valdés, Laura Ruiz y Náthaly Hernández, con prólogo de Maylan

“¿Por qué hacer este libro? Porque Reinaldo González fue el primero en darse cuenta de que Sigfredo no es una figura que se va a perder con el tiempo, pero igual queríamos perpetuarla por sus acercamientos con Matanzas, por la manera en que se despide la vida me parece que muy pronta y entonces queríamos recordarlo, tenerlo aquí.

“Fue muy agradable el hecho de pensar que él es el primer premio de la saga de Premios Nacionales de Edición que ha tenido Ediciones Matanzas, con Escrito en playa amarilla y ahora precisamente obtenemos otro Premio Nacional de Edición con este libro suyo”.

Motivos abundaban para empujar el nacimiento de La vida en un trapecio, desde la personalidad misma de quien inspiró sus páginas, hasta su cercanía sentimental, profesional y humana con la ciudad donde se gestó esta propuesta de Ediciones Matanzas.

“Alguien muy querido en Cuba, incluso fuera de Cuba, por su carisma. Me gusta pensar que fue un humanista porque abarcó muchas artes: era un melómano pero además un hombre que hablaba de música que manejaba mucho la música tradicional cubana”, agrega la intelectual matancera.

“Su relación con Matanzas también fue muy fuerte. Aquí publicó varios libros, ganó premios. En dos ocasiones ganó el Premio Milanés. Estuvo muy cercano al nacimiento y desarrollo de Ediciones Vigía y a Ediciones Matanzas.

“En lo personal fue uno de mis grandes amigos. Aprendí muchísimo de él y eso nos motivó a hacer un libro hermoso con los dibujos, ilustraciones que hizo especialmente para libros, tintas”, plantea el director de Ediciones Matanzas.

Junto a los testimonio de colegas y amigos aparecen las propias ilustraciones y diseños de Sigfredo quien entre sus dones poseía una habilidad asombrosa para las artes visuales. Precisamente ese trabajo plástico sirvió como motivación a Johann Trujillo para el diseño de La vida en un trapecio, mientras que las correcciones fueron de Amarilys Ribot, precisa Alfredo.

“El diseño de Johann Trujillo se basó en ilustraciones de Sigfredo, que tenía una plástica también muy importante como ilustrador, como diseñado. Estaba haciendo un proyecto interesantísimo de libros arte en el momento que falleció”.

Arduo y lleno de aprendizajes y goces fue el proceso de edición de La vida en un trapecio, al decir de Álvarez Rodríguez. “El proceso de edición de cualquier libro con Alfredo Zaldívar siempre es una fiesta innombrable, como bien diría Lezama Lima, porque ya está caro que en Cuba él ha creado toda una escuela de edición.

“Todo el tiempo estoy aprendiendo porque hacemos incluso ya hasta la maquetación del libro. Estoy muy agradecida por esta oportunidad de trabajar con Zaldívar una vez más. Definitivamente yo lo tengo que seguir arrinconando y seguir trabajando con él porque todo el tiempo se aprende y creo que los resultados están. Tenemos con otros proyectos juntos”.

Maylan, quien se convirtió en la última editora de un libro de Sigfredo antes de su temprana muerte, detalló la valía de aquella obra referida a otra de las grandes pasiones del artista, la música. “Yo trabajé con él su último libro en vida que obtuvo Premio en Santa Clara donde yo fui jurado además de testimonio. Es una joya y es en torno a la música cubana.

“Tuve que tomar algunas decisiones finales después que él muere y el libro es una pieza fundamental si vamos a hablar de la cancionística cubana, de lo que es la trova incluso antes y después del triunfo de la Revolución. Es un bellísimo testimonio en la música cubana.

“Seguir esta saga con Sigfredo Ariel no es un gusto, es un honor, es un placer tremendísimo y que ahora sea él el leitmotiv de un libro es un privilegio”.

La vida en un trapecio se presentó por primera vez durante la más reciente edición de la Feria del Libro en Matanzas, junto a la inauguración de una exposición de lustraciones, dibujos y diseños que llevan la firma de Sigfredo Ariel.

El jurado que lo distinguió como el mejor de los libros de las editoriales territoriales significó que el proceso editorial le permitió dialogar de nuevo con el autor, renacido entre sus páginas, mientras aprendemos que la admiración y el amor consiguieron celebrar un singular homenaje necesario.

Aunque el rigor profesional, la belleza y la exquisitez en la selección de los textos distinguen la labor de Ediciones Matanzas, tanto Zaldívar como Maylan reafirman que no son los premios el propósito supremo de su quehacer editorial.

“Esta es la cuarta ocasión en la que Ediciones Matanzas lo gana. Es un premio muy importante para nosotros porque es un estímulo, aunque uno no trabaje para premios, precisa Zaldívar a lo que añade Maylan que “estamos felices con el premio.

“Uno no trabaja para los premios. Eso es un mantra para nosotros, una nota especial. Nosotros NO trabajamos para los premios. Que los premios constituyan un estímulo, lo son, son una recompensa más específica y que, además, se conozca nacionalmente, incluso internacionalmente, el trabajo de Matanzas, eso uno lo agradece muchísimo, pero no trabajamos para los premios.

“De hecho, Daniel Cruz Bermúdez, el director de Aldabón, mandó el libro a competir a Holguín y nosotros ni lo sabíamos, o sea que doblemente agradecidos por la gentileza de haberlo enviado y además porque fue el libro ganador”.

Asimismo, reiteran que detrás de sus nombres, la labor de un equipo de artistas (que son más que colegas, familia) sostiene verdaderamente este premio conquistado entre todos.

“Estamos muy contentos Maylan y yo que concebimos el libro, lo editamos junto a Johann, con un trabajo de conjunto muy interesante. Casi siempre se obvia pero queremos reconocer, porque es un libro trabajado casi artesanalmente, el trabajo de los encuadernadores, especialmente el de Sheila Castro, una artista excelente de la editorial que se ocupa de los detalles más sutiles.

“A ella se debe en gran medida el éxito de la realización como tal de este trabajo que llevo bastante labor artística. Estamos muy felices porque se haya reconocido sobre todo porque la obra de Sigfredo Ariel sigue viva”, compartió el bautizado por Sigfredo como El Alcalde.

“Agradecidísima porque este premio pertenece también a los encuadernadores que hicieron posible que lo que habíamos soñado se materializara.

“No es solamente un premio nuestro. Esa hechura poética que tiene el libro se la debemos a nuestras tropas del taller: a Leonel Betancourt en la impresión, al querido John Enrique Trujillo que siempre está ayudándonos en el diseño, a Sheila Crespo, Ana Julia, a Manuel y a José que hicieron posible que ya nuestros lectores tengan una pieza hermosa casi artesanal desde Ediciones Matanzas”, comentó Álvarez

Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano. En este caso, además, generó asombro, regocijo, añoranza y respeto entre los miembros del jurado y, asimismo, seguramente a quienes hojeen sus páginas.

“Es un libro de la belleza y para la belleza y, sobre todo, con la luz de Sigfredo Ariel, ese hombre que siempre pensó y que seguro en estos días está por allá arriba pintando para Dios y que está muy contento con esto y haciéndonos un guiño desde la eternidad y seguro tarareando una hermosa canción seguro de que sí, de que seguimos pensando en él”.

Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía. Con melancolía se leerá Sigfredo Ariel. La vida en un trapecio, pero también con la certeza que de esta y otras muchas maneras el santaclareño pervivirá, incluso, cuando solo quede la luz, bróder, la luz.

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