24 de octubre de 2026

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Del Palmar de Junco al cielo de Sotomayor

Cada nombre de esta crónica cuenta una historia de sacrificio y de orgullo. Detrás de cada medalla hubo un entrenador, una familia y un barrio

Sotomayor salta 2,45 metros en 1993.

Matanzas a sus 333 años celebra con sus atletas. La ciudad escribe con zancadas, saltos y bateo cada hazaña que llevó el nombre de la ciudad por el mundo.

Limonar regaló al planeta al mejor saltador de todos los tiempos. Javier Sotomayor cruzó los 2,45 metros en Salamanca, en 1993, y nadie ha superado esa marca. Un año antes había conquistado el oro olímpico en Barcelona. Un muchacho de pueblo convirtió el cielo en la medida de su talento.

El mismo Limonar vio nacer a Lázaro Junco. El bateador que conectó 405 jonrones en 18 Series Nacionales y ganó diez títulos de cuadrangulares. La afición lo bautizó «Papá Jonrón». Su muerte este 1ro. de junio, a los 67 años, nos dejó un hondo vacío. Glorias del deporte y aficionados despidieron a su slugger con respeto y con lágrimas.

Jovellanos aportó una dinastía. Wilfredo, Fernando, Arturo y Armando Sánchez, quienes crecieron en el campo y llenaron de aplausos los estadios del país. Hoy el apellido sigue vivo en Ariel, hijo de Arturo y sobrino de Wilfredo y Fernando.

Otras disciplinas también tienen su historia. En 1925 los muchachos de Jovellanos ya jugaban baloncesto en el liceo. Su equipo tenía un alacrán por insignia. Aquellos pioneros abrieron una tradición discreta, pero firme.

Las instalaciones guardan la memoria, El Palmar de Junco acogió el 27 de diciembre de 1874 el primer juego oficial de béisbol en Cuba. Desde 2021 es Patrimonio Cultural de la Nación. Su Salón de la Fama honra a las leyendas del deporte nacional. A pocas cuadras, el estadio Victoria de Girón vibra cada temporada con los Cocodrilos.

Cada nombre de esta crónica cuenta una historia de sacrificio y de orgullo. Detrás de cada medalla hubo un entrenador, una familia y un barrio.

Esta crónica nace de una deuda de gratitud. Matanzas debe a sus atletas buena parte de su prestigio. En la ciudad se recuerdan, los aplauden y los mantienen presentes.

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