19 de junio de 2024

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Recuerdos de Martín Dihigo Llanos, “El Inmortal”, en su aniversario 118

El 25 de mayo de 1906 nació en el antiguo central Jesús María, Cidra, hoy municipio de Limonar, quien es considerado el más completo jugador cubano que pasó por un terreno de béisbol, Martín Magdaleno Dihigo Llanos.
El 25 de mayo de 1906 nació en el antiguo central Jesús María, Cidra, hoy municipio de Limonar, quien es considerado el más completo jugador cubano que pasó por un terreno de béisbol, Martín Magdaleno Dihigo
Llanos.
Sus padres fueron Benito Dihigo, quien llegó a ser sargento del Ejército Libertador en nuestra Guerra de Independencia y Margarita Llanos. Hijo único de esa unión, según destaca su biógrafo el licenciado Alfredo Santana Alonso, aunque contó con sus medios hermanos Leonor y Gregorio, por parte de su mamá y papá, respectivamente.
A los 3 o 4 años de edad, refiere Santana en su libro “El Inmortal del Béisbol, Martín Dihigo”, su familia establece su hogar en la calle Buen Viaje número 40, en el barrio de Pueblo Nuevo, próxima al Palmar de Junco, estadio  en el que dio sus primeros pasos.
Con 14 años de edad comienza a sobresalir sobre los demás muchachos que practicaban en la instalación y a los quince, ya era un jugador que competía entre los de mayor nivel deportivo.
Entra al profesionalismo con el equipo Habana a los 16 años y debuta como bateador emergente el 21 de enero de 1923, en el antiguo estadio Almendares Park, en un juego frente al Marianao.
Mucha es la historia a partir de ese día para el prometedor joven matancero. Participó en 21 temporadas de la Liga Profesional Cuba y en dos torneos independientes, en los que dejó marcas impresionantes, tanto al bate como en el pitcheo. Entre las más destacadas  están: tres veces produjo sobre la cifra de 400; como lanzador ganó 107
juegos y perdió 56, para promedio de 656 y fue el único que en esos torneos fue seleccionado con la distinción de  Jugador Más Valioso en cuatro oportunidades, además de la cantidad de récords que dejó en los libros.
Se hizo sentir enormemente en las llamadas Ligas Negras de Estados Unidos entre 1923 y 1947, donde jugó todas las posiciones y dirigió en diferentes equipos.
Sobre su desempeño en esos torneos declaró el mundialmente conocido comentarista deportivo Buck Canel: “para mi fue el mejor tercera base que pasó por las Ligas Negras”. Otro gran jugador  y dirigente UVC
Leonard, dijo del cubano: “Él fue el mejor de todos los tiempos, blanco o negro. Ustedes escojan a Ruth, Cobb y DiMaggio que yo me quedo con Dihigo”.
También  le rindió elogios en uno de sus libros editados James A. Riley: “El  más versátil que haya jugado béisbol. Llegó a los Estados Unidos como segunda base, pero con el tiempo desempeñó todas las 
posiciones. Después subió al montículo para lanzar y cuando no lo hacía seguía como factor principal en la alineación”.
En México se convirtió en una sensación desde su llegada a las Águilas de Veracruz y posteriormente en otros seleccionados. Allí, en el hermano país azteca, se despidió del deporte el 26 de julio de 1947.
A sus méritos como jugador agregó los de entrenador, manager, comentarista radial en la Cadena Oriental de Radio y en Radio 26, de Matanzas. Además trabajó con calidad como periodista en el periódico Hoy donde tenía una sección nombrada Desde el Pan de Matanzas, en la que, en más de una ocasión, levantó su pluma contra lo mal hecho.
Su nombre aparece recogido en los Salones de la Fama de México, Cuba, Venezuela, el del Palmar de Junco, donde se formó como pelotero y el 3 de febrero de 1977, informó el Comité de Veteranos su ingreso al de Cooperstown , de los Estados Unidos. Su placa en aquel máximo recinto de los Inmortales señala:
Martín Dihigo, El Maestro. Ligas Negras (1923-1947). El más versátil de las Ligas Negras. Jugó en los campeonatos de verano e invierno. Registró más de 260 victorias como lanzador y cuando no subía a la lomita, actuaba en diferentes posiciones para promediar más de 300. También fungió como director en diferentes épocas.
A 118 años de su nacimiento, el homenaje a este matancero, que al decir del Doctor en Ciencias Félix Julio Alfonso, “además de fenomenal pelotero, fue un hombre sensible, de buenos modales, culto, con amor infinito por su patria”.

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