Search
Tuesday 12 November 2019
  • :
  • :

“Si cocinas como caminas,…”

Algo grave le pasa a mi Cuba; quisiera consultar para salir de dudas, para saber si soy yo la que siente que hay problemas o realmente mi país está enfermo y pierde muchas tradiciones con el pasar de los años.

Desde que tengo uso de razón escucho que somos únicos, que donde llegamos nos hacemos notar, que marcamos la diferencia, pero ahora siento que somos más de lo mismo.

Ya los niños no juegan pelota, ahora se visten de Messi o Cristiano y se olvidan de la Serie Nacional, si es que acaso saben de su existencia; el guajiro no quiere trabajar la tierra porque tiene que ser universitario; y para los jóvenes, Palmas y Cañas: ¿qué es eso, la guajirá que ponen los domingos y que dura una hora? ¡Eso está pa´que lo quiten hace más rato…!

No se juega a los escondidos, los agarrados, el quemadito o la gallinita ciega. Ahora se conectan con el tablet o el celular y se pasan aplicaciones por zapya; para muchos la rumba es “brujería” y la moda de las muchachas en la secundaria de mi barrio es ir a la iglesia el sábado por la mañana y por la noche a bailar reggaetón del más malo en el parque o con una bocina en la esquina de la casa.

Algo aún más alarmante es lo que veo por estos días en las redes sociales. Resulta que varias personas aseveran que las mujeres se deben poner audífonos para andar por las calles porque los piropos son maltrato, abuso y acoso sexual, dicen que crean diferencia de género. ¿Quién puede pensar que esa forma de ser jaranera de nuestros hombres es ahora un problema social grave?

Las cubanas, sin importar raza, edad, orientación sexual o tamaño, somos presumidas, nos preocupamos más por salir a la calle bien arregladas que por el desayuno y que los hombres lo admiren es un hecho que sucede hace siglos en Cuba.

La belleza física de las cubanas, dada por la mezcla de varias razas, es llamativa y digna de exaltar. Y un piropo es una frase que en segundos eleva la autoestima de quien lo recibe, una frase respetuosa que solo pretende halagar.

Cualquier insinuación que pase las fronteras del respeto es una ofensa y esa no debe ser frenada con audífonos, debe ser refutada con palabras, pues no existe mejor muestra de igualdad de género que la defensa, el rebatir y manifestar lo que nos molesta sin tener temor de reprender a quien se mal insinúa.

No cambiemos la verdadera situación de nuestro país con fenómenos ajenos a nuestra sociedad como el feminismo extremo, que de seguir como va, en par de años hombres y mujeres no podremos ni mirarnos de reojo porque será un insulto.

No quisiera extrañar nunca los juegos de dominó en la madrugada, donde la Mulata más sabrosa de Cuba marca el fin de la partida cuando llega al fondo; los gritos de vecinas de cocina a cocina para pedir sal o azúcar; las palabras lanzadas a todo pulmón para llamar a los niños a bañarse; las reuniones en las tardes para coger fresco en la acera y chismear de la vecina que vino de afuera y no le trajo nada a nadie, la muy tacaña; los asere; el mío, que bolá; cómo está la andina, arrollar en los carnavales con short corto y en chancletas como si fuéramos a la playa…

No quiero que mi Cubita linda se pierda en las “nuevas formas de hacer” que nada tienen que ver con lo que adoro de ella. Sueño con que mis niños monten carriola, vean los muñes de Elpidio Valdés y cuando sean hombres tengan la delicadeza de decir piropos a las bellas cubanas o que mi niña sea afortunada de escuchar frases tan criollas como: “Si cocinas como caminas, me como hasta la raspita”.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mostrar Botones
Ocultar Botones