Juventud y entrega en el Pediátrico
La joven doctora Jennifer Lidia Bautista escribe en una historia clínica. Su mano parece volar encima de la hoja. Cada anotación la realiza en un silencio absoluto, en un proceso de concentración tal, que seguramente ya no piensa, al menos por unos segundos, en qué regresará a casa en horas de la tarde.
Esa ha sido su batalla más cruenta en los últimos tiempos: trasladarse hasta el Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño de su hogar radicado en el reparto Pastorita.
Más de una vez ha tenido que ascender la Calle Contreras, cuando un vehículo solo llega hasta el Viaducto. Luego toma por Compostela hasta el recinto donde labora desde que se graduara como Médico General Integral en febrero del 2024.
Se decidió por la especialidad de Pediatría cursando el Cuarto Año de la Carrera. Quedó fascinada al entrar en contacto con esta institución de Salud y con sus excelentes profesionales, de los que cada día aprende.
También disfruta autoprepararse.
Asegura que los niños son muy especiales, nunca esconden un síntoma y te tratan con total transparencia y honestidad.
Ahora la joven doctora Jennifer permanece en la Sala B, también conocida como la Sala Respiratorio.
Manifiesta, siempre con una sonrisa a flor de labios, que la formación es muy buena y bebe mucho de la sapiencia de los profesores de vasta experiencia.
Cada cuatro días permanece 24 horas en el Cuerpo de Guardia.
«En este hospital la salud del niño centra el quehacer de todo el personal, son muchos los que se desviven por la recuperación de los pacientes», comenta mientras detiene un instante el llenado de una historia clínica.
«Ahora escribo el egreso de un pequeño que saldrá de alta tras su total restablecimiento».
Jennifer reconoce que a veces las carencias y vicisitudes le ofuscan, incluso alguna incomprensión de un familiar. Pero también sabe y expresa sin titubeos que siente que son muchos más los padres agradecidos.
Por eso la pasión por su profesión le alcanza nuevamente aunque en ocasiones tenga que caminar decenas de cuadra bajo el fuerte sol de la mañana para llegar hasta el hospital.
Desde niña quiso ser médica, y la realización profesional, eso de trazarse y alcanzar una meta, a veces no se logra cuantificar en dinero. Se trata de algo espiritual que solo compete a la esencia humana más sensible.
El dinero resuelve y mucho, pero la sonrisa agradecida de una madre, o la mirada tierna de un niño recuperado de una afección, no se equipara con ningún bien material.
Y eso la doctora Jennifer lo ha ido aprendiendo a los largo de su corta carrera. Por lo que el sol a veces la golpea fuerte, pero sus pasos siempre la llevarán con ansias hasta su hospital amado, donde le guardan sus pacientes.
