Manos restauradoras le devuelven utilidad a la sombrilla
El informe que encendió las alarmas en la década del 80 del siglo 20 sobre la vulnerabilidad a la que estaba sometida la vida en la Tierra frente al orificio que permitía el paso de las radiaciones ultravioletas (RUV) del Sol, 41 años después describe un cuadro mucho más alentador.
La Capa de Ozono se recupera y aunque el proceso aún no concluye, el rescate de los niveles de ozono en la estratosfera demuestra que cuando los países actúan de forma colectiva se puede solucionar cualquier problema ambiental.
Con el Protocolo de Montreal y la Enmienda de Kigali como políticas fundamentales de trabajo, se espera que esa sombrilla natural de la Tierra recupere los valores que exhibía antes de la formación del agujero en la Antártida, entre 2040 y 2066.
Ese progreso que además de evitar en los seres humanos quemaduras, manchas, envejecimiento prematuro y cáncer de piel, así como el riesgo de desarrollar cataratas y otras enfermedades oculares, disminuirá en 0,5 grados Celsius (°C) el calentamiento global.
Fenómenos que también inciden en el rendimiento agropecuario, la salud de los bosques y a la vida submarina.
De ahí que enfriar el planeta sea necesario y posible. Para ello la comunidad internacional está en el deber de comprometerse y respaldar los mecanismos que llevan a la reducción y eliminación gradual del casi centenar de sustancias químicas que agotan la Capa de Ozono.
Cuba, por ejemplo, fue el primer país en vías de desarrollo que eliminó el uso del bromuro de metilo de la actividad agrícola. Asimismo trabajó en la completa sustitución de cloro-fluor-carbono (CFC) de la refrigeración doméstica y comercial, junto con el reemplazo de esos compuestos en la fabricación de aerosoles farmacéuticos.
