23 de septiembre de 2026

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60 años forjando el relevo: los Camilitos, cantera de la Patria

60 años después, los Camilitos siguen marchando.

Hay uniformes que se estrenan en un aula antes que en un cuartel. Son los de los Camilitos y este 23 de septiembre cumplen 60 años de vida.

Corría septiembre de 1966 cuando en el oeste de La Habana, en la misma tierra que hoy respira monumentos y grandes edificaciones, se abrieron las puertas de la primera Escuela Militar Camilo Cienfuegos.

No fue un gesto improvisado. Nació de una preocupación que el entonces ministro de las FAR, Raúl Castro Ruz, compartía con Vilma Espín desde los primeros años de la década: atender a los hijos de quienes habían caído en la lucha de liberación.

Y nació también de una necesidad estratégica: formar, desde la adolescencia, la cantera de oficiales que sostendría en el tiempo a las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

El nombre elegido no fue casual. Camilo Cienfuegos Gorriarán, el Héroe de Yaguajay, expedicionario del Granma y jefe del Ejército Rebelde tras el triunfo de enero de 1959, encarnaba la lealtad, la audacia y el arrojo que se quería inculcar en los nuevos oficiales.

Bautizar con su nombre estas escuelas fue desde el inicio un acto de continuidad histórica. No se trataba solo de instruir, sino de transmitir un legado.

Los «Camilitos», como pronto los bautizó el pueblo, se formaron bajo un modelo singular. Combinaba la enseñanza general, equiparable a la de las escuelas civiles, con una preparación pre militar temprana: nociones de táctica, manejo de armamento ligero, topografía, defensa antiquímica e ingeniería.

Hoy, jóvenes de ambos sexos que terminan la secundaria básica encuentran en estas aulas el camino hacia el preuniversitario y, más adelante, hacia las escuelas superiores de las FAR.

Lo que comenzó como una sola escuela se multiplicó por el país. El crecimiento no fue solo geográfico, sino de propósito: las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos se consolidaron como el semillero natural de los oficiales cubanos.

Generaciones enteras de Camilitos aprendieron allí antes que la disciplina de las armas, el sentido de pertenencia a un proyecto que los convocaba desde la niñez a asumirse como continuadores.

Pero los Camilitos no viven encerrados entre sus muros. Son parte de la sociedad que los rodea: participan en los actos patrióticos, en la vida deportiva y cultural de sus comunidades, y sus egresados, dentro y fuera de las FAR, aportan al país desde muchos frentes.

Por eso, el homenaje de hoy trasciende el aniversario protocolar: es reconocer en estas escuelas una pieza clave del entramado formativo de la Revolución. Un espacio donde educación, disciplina y memoria histórica se entrelazaron para forjar, durante seis décadas, a quienes hoy ocupan posiciones de mando en la defensa nacional.

60 años después, los Camilitos siguen marchando.

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