Carilda vive en su poesía
En la casona de Tirry 81 permanece inalterable el recuerdo de Carilda como si su espíritu estuviera impregnado en cada una de esas paredes.
Así lo reconoce Raidel Hernández, coordinador del proyecto Al sur de mi garganta y compañero en vida de la poetisa cuando expresó que «a pesar del tiempo que ha pasado su poesía mantiene su vitalidad, frescura y energía.
«Encontrarnos con Carilda en su 104 aniversario creo que es revelador. Yo amo mucho a la juventud y son precisamente los jóvenes quienes mejor encuentran un espacio para aprender sobre lo que es el amor, sobre lo que es el cuerpo porque ya sabemos que Carilda concebía esto como un dúo inseparable, espíritu y carne, y es ese el mensaje más poderoso que recibimos de su poesía.
«Debemos recordarla no solamente a través de su Me desordeno, amor, me desordeno sino a través de su Canto a Matanzas, a través de esas décimas extraordinarias y esos poemas tan tristes pero llenos de vitalidad y de esperanza que fueron escritos a su familia que en ese momento formaba parte de la diáspora.
«Toda la familia de Carilda fue hacia los Estados Unidos y esa desestructuración a nivel familiar impacta a Carilda de una manera extraordinaria porque se convierte en comprensión, en belleza, en sabiduría y en llama para la propia poesía».
En la que fuera la casa de Carilda desde sus seis meses de vida se exhiben objetos que le pertenecieron: juguetes, collares, su máquina de escribir y sus libros. 
Asimismo, los visitantes pueden observar fotografías de diferentes momentos de su vida con importantes escritores entre ellos Dulce María Loynaz, Fina García Marruz, José Ángel Buesa y Miguel Barnet, además de los títulos de la Escuela de Arte, el que la reconoce como abogada y el reconocimiento con el que la distinguieron como Hija Predilecta de la ciudad de Matanzas, fechado en 1954.
«Hemos tratado, a través del proyecto, de colocar esas nuestras de su pasado y esos presentes intemporales en sus estantes, en sus lugares. Ahí están sus libros, sus fotografías con personalidades increíbles como Agustín Acosta, Nicolás Guillén, Rafael Alcides y más para acá los Premios Nacionales de Literatura».
Cada uno de estos objetos permite preservar la memoria de la Novia de Matanzas. «Nosotros le debemos muchísimo a Carilda y reciprocar eso es espíritu del proyecto que tenemos en casa pues fue aquí fue donde se escribieron todos sus libros, desde Preludio lírico, su primer libro que tenía ya la génesis de todo lo que sería su poesía posterior, hasta Al sur de mi garganta, que es un libro más conocido y Se me ha perdido un hombre. Todos son libros esenciales.
«Es la casa la cimiente donde prende toda esta poesía porque se convierte en memoria no solamente de su propia existencia sino de su familia, de su pasado«.
Para retribuir su extraordinario legado el proyecto sociocultural Al sur de mi garganta se dedica a perpetuar la impronta de quien fuera una de las más importantes escritoras del siglo XX. «Queremos que por donde quiera que pase el visitante se encuentre con ese pedazo de historia donde Carilda todavía nos saluda y nos acompaña».
