5 de junio de 2026

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Cuba y Corea del Sur: Un vínculo más allá de la política

La juventud cubana encontró en la estética oriental una vía de autoexpresión e identidad, manifestada a raíz del consumo de la música y los audiovisuales del territorio asiático.

Corea del Sur, cuna de importantes hitos de la música pop de la última década así como de filmes con gran alcance global que han marcado un antes y un después en la historia del cine, ha dejado huellas en la cotidianidad de nuestra Isla más allá de su impacto mediático.

La introducción de su moda, culinaria y hasta modo de actuar, fusionados con los nuestros dan origen a una Cuba más diversa culturalmente.

La conocida Ola Coreana o Hallyu, movimiento que comenzó a ganar fuerza en la Isla alrededor del 2013 y que explotó con el desarrollo progresivo de Internet, actúa como la desencadenante de esta mezcla de riquezas artísticas entre ambas naciones.

Ni siquiera la desconexión diplomática entre éstas durante varias décadas hasta su restablecimiento en 2024, ralentizó el desarrollo de esta fusión cultural centenaria.

Para sorpresa de muchos, en nuestro territorio la llegada de los dramas de éxito del país asiático ocurrió en la entrada a los 2010 y no en años recientes como se cree, con la emisión por cadena televisiva de algunos como Mi bella dama, La reina de las esposas y Eres hermosa.

Se trataban de propuestas más dirigidas al romance ingenuo y los elementos costumbristas de la época, alternativas viables al alquiler de predecibles culebrones latinoamericanos.

Incluso la aclamada música K-pop la pudimos conocer en el mismo año que se viralizó en todo el mundo. En 2012, el cantante y compositor PsY lanzó su tema Gangnam Style, el cual goza todavía hoy del prestigio de ser una de las canciones más reproducidas en la plataforma de Youtube y que puso a muchos cubanos a seguir sus pegadizos pasillos durante su apogeo.

Ahora, las referencias de la moda surcoreana en la nuestra, son por mucho, fascinantes. Una opción más, frente a corrientes estéticas más urbanas como el reguetón.

La juventud cubana encontró en la estética oriental una vía de autoexpresión e identidad, manifestada a raíz del consumo de la música y los audiovisuales del territorio asiático.

Así, la preferencia por un estilo más callejero, prendas holgadas, camisetas con estampados minimalistas y sudaderas con capucha, alcanzó rumbos inesperados pese a la escasez de recursos en la Isla y las diferencias en el clima, con la réplica de los looks de Seúl en pleno calor del Caribe.

Sin embargo, la infuencia va más allá de la ropa, con un cuidado de la piel más extremo y consciente. La popularización del skincare, término en inglés, es más vista en nuestros días a pesar de la dificultad para adquirir estos productos cosméticos, optando en ocasiones por la creación de modelos similares con herramientas caseras.

En cuanto al maquillaje, mientras más delicado y ligero, mejor, con el culto a los labios difuminados en tonos cereza.

El concepto de belleza de Corea del Sur ha rediseñado de cierto modo el estilismo juvenil en Cuba. En los varones observamos cada vez más, cortes de cabello con laterales rapados o muy cortos en comparación a la parte superior, mientras que las féminas optan por flequillos ligeros y tintes de colores fantasía.

Las variantes de la cocina coreana en nuestras mesas, también constituyen un fenómeno en plena expansión. Aunque a simple vista la cocina cubana, basada en el arroz, los frijoles, el cerdo y los condimentos suaves, parece el opuesto radical de la gastronomía de la hermana nación, famosa por sus fermentados, algas y picantes, unidas resultan una explosión de sabores que vale la pena intentar.

Resulta de desconocimiento para la mayoría que los cimientos de la presencia coreana en nuestro territorio, tuvieron lugar en 1921 cuando unas trescientas personas llegaron desde México para trabajar en los campos de henequén en la provincia de Matanzas.

Sus descendientes mantuvieron vivas algunas tradiciones culinarias, pero se vieron obligados a reemplazarlas por ingredientes nativos.

Recetas antiquísimas como el Bibimbap o el Bugolgi se siguen cocinando en los hogares de estos descendientes, combinando la herencia asiática con el sazón criollo.

El verdadero »boom» masivo sucedió con la popularización de las series coreanas, con platillos que antes se percibían con extrañez y ahora despiertan la curiosidad de miles de citadinos.

Ver a estos personajes comer con tanto entusiasmo en la pantalla platos cotidianos como el Ramen instantáneo, recurrente en la Isla en pleno 2026 con variantes de otras regiones del mundo, lo ha convertido en el producto estrella y todo un ritual en los almuerzos.

La gastronomía surcoreana ha dejado de ser un sabor exótico y lejano para transformarse en una experiencia social, una forma de conectar con una cultura global.

Debido a ello, en los últimos años hemos sido testigos de la apertura de los primeros mercados, cafeterías y espacios dedicados a la excelencia de la culinaria coreana al igual que de otras formas del arte.

No sólo la vestimenta, el autocuidado y la alimentación han experimentado cambios en nuestras costumbres desde las primeras incidencias de esta cultura oriental.

Ha calado a algo mucho más profundo como nuestros comportamientos, gestos y códigos de respeto, con mejor entendimiento de este choque cultural en la fama histórica del cubano como ser extrovertido e impersonal.

La representación de saludos más formales y un lenguaje corporal en su generalidad, más reservado y pausado, irrumpen la vida contemporánea de los cubanos y causan revuelo entre los más mayores.

Estos cambios se develan de forma a veces inconsciente por la profunda interiorización de los mismos. Los más comunes son las reverencias vistas como pequeñas inclinaciones al saludar, agradecer o despedirse, y el efusivo »corazón coreano» que ha robado la atención de los medios de comunicación internacionales.

La Ola Hallyu se redefine como un movimiento capaz de moldear estructuras esquemáticas e introducir naciones reformadas. Cuba, no ajena a este fenómeno, le da la bienvenida a dichas influencias orientales en su potaje cultural.

A través de guiños en nuestra cultura y habla popular, desde hace ya más de una década Corea del Sur forma parte de la herencia cultural de la más grande de las islas del Caribe antillano.

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