24 de junio de 2026

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Yarini y el mito del Día de las Madres

En las calles estrechas de San Isidro, a principios del siglo XX, se tejía una leyenda que aún hoy palpita en la memoria popular. Alberto Yarini y Ponce de León, el proxeneta más célebre de La Habana, no solo era conocido por su elegancia y su dominio sobre las prostitutas francesas, sino también por el respeto casi reverencial hacia su madre. Se cuenta que, en gesto de homenaje, Yarini impulsaba celebraciones en su barrio para honrarla, y que muchos habaneros lo acompañaban en lo que parecía ser un temprano “día de las madres”.
La imagen del joven aristócrata, culto y refinado, rodeado de mujeres y de seguidores, se mezcló con la idea de que él mismo había instaurado una tradición de cariño filial. Así nació el mito: el proxeneta que, entre la violencia y el lujo, encontraba tiempo para rendir tributo a su madre, convirtiéndose en símbolo de cubanía frente a los extranjeros que disputaban su territorio.
Sin embargo, la historia documentada cuenta otra cosa. El Día de las Madres en Cuba no nació en San Isidro, ni de la mano de Yarini. Fue el doctor Eduardo Queral Mayo, en Puerto Padre (Las Tunas), quien en 1920 propuso la celebración. Un año después, el Ayuntamiento de La Habana oficializó la fecha, y en 1928 se extendió a todo el país. La festividad tiene, por tanto, un origen institucional y cultural, inspirado en la tradición estadounidense, y no en el mundo del hampa.
La confusión surge de la coincidencia temporal y del magnetismo de la figura de Yarini. Su muerte trágica en 1910, su fama de “hombre de familia” y la oficialización del Día de las Madres pocos años después alimentaron la leyenda. Así, aunque no fue él quien creó la celebración, la memoria colectiva lo sigue recordando como un ejemplo de cubanía: el hombre que, pese a su vida en los márgenes, encarnaba el orgullo nacional y el amor filial.

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