Los hombres invisibles tras el béisbol matancero
En no pocas ocasiones la labor del personal de mantenimiento pasa desapercibida ante los ojos de los fanáticos de nuestro deporte nacional
El correcto desarrollo de los juegos de béisbol en nuestros torneos nacionales implica la combinación de varias personas como los anotadores, chequeadores, árbitros y personal de mantenimiento.
En no pocas ocasiones la labor del personal de mantenimiento pasa desapercibida ante los ojos de los fanáticos de nuestro deporte nacional.
En el caso de los trabajadores que realizan esta noble tarea, en el estadio Victoria de Girón son los encargados de que el terreno tenga las mejores condiciones para jugar.
Mientras muchos llegamos justo antes de empezar los partidos y nos marchamos apenas cae el último out, su trabajo inicia a primera hora de la mañana. Marcan el diamante, riegan la grama interior y exterior, rellenan con arcilla algún desnivel que pueda aparecer previo a los desafíos.
Una vez dada la voz de play ball, modifican sus funciones cotidianas y se transforman en recogedores de pelotas, cuestión que resulta vital en el afán de recuperar la mayor cantidad de esféricas.
Cuando todos se marchan y desaparece el bullicio que acompaña al espectáculo, ellos vuelven a repasar las acciones para la próxima jornada.
Al igual que para un periodista resulta satisfactorio y necesario escribir y para un chofer manejar, para estos héroes silenciosos resulta vital que su terreno, ese donde tantas horas pasan los peloteros, se encuentre lo mejor posible.
Si muchas instalaciones deportivas en la mayor de las Antillas en el día de hoy son funcionales y continúan brindando servicios, es gracias al trabajo de estos hombres invisibles.
