La contaminación sonora en Cuba desde la mirada de la ley
La contaminación sonora en Cuba constituye a día de hoy un mal social del cual todavía no conocemos lo suficiente y pareciera no ver su cese por lo pronto.
La contaminación sonora en Cuba constituye a día de hoy un mal social del cual todavía no conocemos lo suficiente y pareciera no ver su cese por lo pronto.
Así como en el renglón de la salud con todas las consecuencias adversas que trae consigo este complejo fenómeno, en el campo legal de igual modo existen leyes que amparan las peticiones de los ciudadanos de gozar de plena tranquilidad en el seno de sus hogares.
La Licenciada en Derecho de la Universidad de Matanzas, Isabel María García Prado, nos explica que la principal institución mediadora de esta problemática resulta el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en Cuba por su compromiso con esta incidencia.
Destacan otros organismos que también se ven afectados por esta situación y a los que se puede acudir como la Policía Nacional Revolucionaria, el Ministerio de Salud Pública de Cuba y el Instituto Nacional de Vivienda.
Sobre si en nuestro país se le da un cumplimiento efectivo y sistemático a este tema en cuestión, nos comenta que a pesar de que no siempre se completan los procedimientos pertinentes a cada caso presentado, existen múltiples leyes a las que consultar.
«En otros países del mundo como Estados Unidos, cuando ponen música muy alta, se llama a la policía y esta se dirige a la casa de esa persona, acto seguido debe bajar la música. Está permitido sólo hasta las doce ó una de la noche en momentos festivos», agregó la joven abogada.
Por otro lado, podemos destacar que el accionar en áreas públicas como instituciones académicas, bibliotecas y oficinas, se maneja con más rigor en nuestro territorio.
Según García Prado, «existen ciertas regulaciones que establecen los niveles máximos de ruido permitidos en estos centros, que por obvias razones, no debería ser el mismo que se mantiene en el hogar o en una fiesta de la calle».
La exposición; frecuente o prolongada, a música o ruido a altos decibelios, va más allá de una simple molestia que puede desencadenar en consecuencias legales no deseadas por el bienestar de la comunidad.
