14 de junio de 2026

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El Premio Celestino de Cuento queda nuevamente en Matanzas

El periodista y escritor matancero Humberto Fuentes mereció el Premio Celestino de Cuento en su edición XXVII que otorga Ediciones La Luz, de Holguín, por su libro Cubacabana.

“El Premio Celestino llega en un punto de inflexión en mi vida. Durante el período entre el 2025 y el 2026 me han sucedido muchas cosas buenas: he ganado otros premios, me casé, pero también han traído consigo, no solo para mí, sino para los cubanos sobre todo, muchas dificultades.

“Ha sido un periodo de tener que respirar profundo, sobreponerse y salir adelante. En este momento tan difícil es que llegué a Cubacabana y, felizmente, encontró su camino.  Es uno de los dos libros inéditos que tenía, este de narrativa y uno de poesía. Ahora mismo también estoy escribiendo otro libro de poesía”.

El jurado integrado por las escritoras cubanas Mariela Varona y Laidi Fernández de Juan y el narrador argentino Kike Ferrari destacó que el autor demuestra a través de doce narraciones acertado dominio narrativo en términos técnicos e imaginativos, desplegando un panorama de la realidad cubana actual, con la pericia de no sucumbir ante lugares comunes ni a una mera descripción descarnada del acontecer cotidiano en la Isla.

Como un libro de cuentos muy actual, muy nocturno y oscuro con el que los lectores pueden identificarse, lo califico el joven escritor. Cubacabana es una obra muy especial para mí.  La escribí en menos de un mes, pero llevaba años concibiéndolo en mi cabeza, anotando ideas, haciendo borradores.

“Fui poco a poco creando estos cuentos que podrían considerarse un paneo desde la ficción de la realidad de la Cuba de los últimos cinco o seis años, la Cuba postpandémica, una Cuba en la que cada vez hay más desigualdades, se va de extremo a extremo desde personas muy ricas, hasta personas muy humildes, muy pobres, cuyos personajes con tal de salir de esa oscuridad, iluminar sus almas, de sobreponerse a esas dificultades que les tocó vivir, entran y salen de conflictos bastante humanos, bastante cubanos, aunque desde lo particular busqué la universalidad hasta cierto punto cuando logran desarrollarse y salir adelante algunos, otros no tanto”.

Según el acta del jurado el volumen alterna escenas crudísimas con otras más imaginarias, a la vez que mantiene el tempo narrativo sostenido en todo momento, en cada cuento, en los momentos transicionales, sin dejar resquicio a posibles fallos.

Por la coherente armadura que blinda cada narración y que permite al lector desplegar su propia imaginación sin dejar el ancla que proporciona la ubicación geográfica, social y política del narrador omnisciente, Cubacabana obtuvo el Celestino de Cuento, un sueño materializado para Humberto.

 “El Premio Celestino de Cuento es un sueño para muchos escritores jóvenes cubanos. Para mí era mi anhelo más grande en el ámbito de la narrativa. Esto se debe principalmente a dos cuestiones.

“La primera de ellas es el indudable sello que posee el equipo de Ediciones La Luz, una de las mejores editoriales en el país, tanto en el ámbito de la edición como en la parte visual de los libros, que tienen una manufactura muy distinguible y pertenece a la Asociación Hermanos Saiz, que es un plus bastante grande.

“Lo otro es que los cuadernos que han ganado el Celestino pueden ser considerados un indicador de lo mejor de la narrativa cubana de los últimos 30 años. Ahí hay autores, libros y cuentos de puntería y ganar el Celestino sería estar a la altura de esos autores inmensos.

“Es un logro y una alegría que no se puede explicar con palabras. El Celestino era un sueño para mí y lo he cumplido. Constituye un aliciente para continuar luchando, para continuar escribiendo, para continuar sobreponiéndome y creciendo”.

En la obra de Humberto Fuentes la poesía y el ejercicio periodístico se fusionan constantemente. Cada una de estas maneras de concebir la literatura enriquece a las otras.

“Con respecto a la poesía, al igual que Francisco López Sacha, autor cubano a quien está dedicado este libro y de quien aprendí muchísimo en el que fuera quizás el último taller de técnicas narrativas que impartió, considero que es algo así como un género de géneros, un ente no solo anterior, sino también superior a cualquier otra forma literaria, no solo dentro del ámbito de la literatura, sino también en la misma realidad.

“La poesía está en todo: en una hoja que cae hay poesía, en el viento hay un poema esperando a ser decodificado por un alma sensible y creativa que posteriormente lo transmita a otras almas sensibles y creativas y así en una cadena infinita; por lo tanto, en mi narrativa también hay poesía.

“En el caso del Periodismo, en Matanzas ocurre un fenómeno muy interesante. Como no existe una carrera universitaria dedicada directamente a la literatura, la mayoría de los jóvenes escritores matanceros son también periodistas y esa fue la salida que encontramos a nuestra vocación de contadores de historias, hasta que terminamos enamorándonos de la profesión, ejerciéndola.

“Esto a su vez aportó mucho a nuestras técnicas narrativas, a nuestra ficción. Manejamos cierta información, la organizamos para que el lector pueda decodificarla y se quede con el efecto poético que debe tener todo texto. Al igual hacemos con el cuento, utilizamos un argumento para contar determinada historia. Ahí están los conocimientos del Periodismo”.

Egresado del Taller de Técnicas Narrativas del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, miembro del Taller de Creación Literaria Pablo Neruda e integrante del taller Grafómanos, que auspicia la Asociación Hermanos Saiz en Matanzas, de la cual es jefe de la sección de Literatura, Fuentes asume que la narrativa siempre ha estado en él.

“Yo fui un niño muy intranquilo y tenía la característica de hablar solo. Es algo que, conversando con colegas del Periodismo posteriormente, me di cuenta de que es una característica inherente a muchos de nosotros que de niños hablábamos solos, nos inventábamos historias.

“En mi caso, en mi casa había un patio bastante grande y yo cogía una pelota o lo que fuera y empezaba a corretear de una punta a la otra del patio inventándome una historia, contándosela a las plantas o a lo que hubiera, y no paraba hasta que le ponía final en mi cabeza a esa historia.

“Llegó un punto en que lo escribí cuando tenía entre 7 u 8 años, por ahí lo guardo. Esa primera historia es un cuento de dos cuartillas en una hoja de libreta de primaria. Desde entonces poco a poco fui puliendo mis técnicas, practicando.

“He escrito muchos cuentos, minicuentos, tuve en la adolescencia varios intentos de novela y aquí estoy, luego de casi 20 años, dedicándome a la narrativa.

“Lo que más disfruto de la narrativa es su precisión. Considero que escribir un cuento, que es el subgénero que más me gusta dentro de la narrativa, es como cincelar una pieza de mármol del tamaño de un meñique. Lleva un nivel de precisión en el que no puede faltar ni sobrar nada y lleva tiempo, mucho trabajo mental, de escritura, de prueba y error y un bagaje de lecturas inmenso. Al final es un proceso muy disfrutable al igual que el proceso de la escritura”.

En una ciudad con indiscutible vocación poética, durante las últimas décadas ha cobrado fuerza un notable movimiento de narradores jóvenes.

“En Matanzas desde hace aproximadamente una década ha despuntado una cantera, creo que se le podría llamar movimiento, de narradores jóvenes. Desde aquellos primeros talleres de Yanira Marimón, pasando por el taller de Sasha, luego Los Grafómanos, llegando hasta eventos propiamente de narrativa en Matanzas como el premio Aldabón y, más recientemente, el evento Contar con Sasha.

“Todos ellos, al menos dentro de Matanzas, han venido ganando en audiencia, en lectores. El de los jóvenes narradores se ha convertido en un movimiento bastante sólido bastante seguido, aunque en un principio hubo reticencias.

“En Matanzas estamos adaptados a escuchar que esta es una ciudad poética. A mí me han encasillado como poeta en algunos ámbitos cuando, en realidad, escribo más narrativa que poesía.

“Considero que esta pléyade de escritores matanceros ganando premios en otras provincias, premios nacionales, es una forma de vencer el provincianismo y que este movimiento de jóvenes narradores matanceros sean conocidos a nivel nacional, que otras personas puedan leerlos. Es algo genial que nos beneficia y beneficia a la literatura joven cubana actual”.

Humberto Fuentes ha merecido Medalla de Oro en el XXV Festival provincial de Artistas Aficionados de la FEU en Matanzas, por la manifestación de Literatura, con el premio La cola de la serpiente; fue ganador del I Concurso Cuba-Rusia de Escritura Creativa para Jóvenes. Su plaquette La tumba de las termoeléctricas se publicó por Ediciones Vigía. Textos suyos aparecen publicados en revistas, periódicos, sitios web y antologías de Cuba, Argentina, Chile y Colombia.

Por cuarta edición consecutiva narradores matanceros han merecido el Premio Celestino de Cuento. Con anterioridad lo obtuvieron Raúl Piad, en 2025, por Donde se marchitan los olivos; Andy Jorge Blanco, en 2024, con el cuaderno Morir un poco y Náthaly Hernández Chávez, en 2023, por La figura en el puente.

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