22 de mayo de 2026

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Carta a Lina Ruz González desde la prisión después del asalto al cuartel Moncada

«...supe que hace breves días intentó verme y lloró porque no se lo permitieron y al enterarme sufrí y por eso ahora le pido y le ruego que me complazca, que no venga por aquí hasta que autoricen las visitas, y si nunca las permitieran, le juro que prefiero morir y no verla jamás, a verla humillada y pidiendo favores a personas que no consideran su grandeza de mujer y como madre».

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Señora Lina Ruz

Birán, Oriente, 18 de septiembre de 1953

Querida madre mía:

Quiero que estas líneas, las primeras que escribo desde una prisión, sean para ti, la mujer que me dio el ser por medio del dolor y en la que no cesa ese dolor con el nacimiento del hijo, sino que ambos van juntos por el mundo y apenas he caminado esta corta distancia de mi vida sin que a breves intervalos surja el traspiés que te haga sufrir. Hace meses que no me ves y cuando pensaba encontrarme contigo y contarte las maravillas que vi por tierras extranjeras y entregarte algunos regalos que manos fraternales me habían obsequiado, pero oí el grito de mi patria en agonía, el deber me llamó y muy triste fue la realidad.

Nos encontramos y apenas nos hablamos, nos separaba una reja de gruesos barrotes que apenas nos dejó besar y solo cruzamos algunas palabras referente a la salud de mi padre, nada más hablamos, para las miradas intrusas aquello fue solo un momento emocionante, pero solo usted y yo comprendimos su grandeza. Sin hablar nos entendimos y con la mirada nos contamos, en un instante nuestras vidas: usted me vio nacer, colorado y gritón; luego dando los primeros pasos, cuando me dormía en cualquier lugar; más tarde juguetón y travieso, escondiéndome en escaparates y baúles y finalmente me vería sentado en las escaleras de un colegio, llorando con la cara entre mis manos, porque era la primera vez que nos separábamos, apenas contaba con cinco años de edad. Igualmente yo la vi a usted: trabajando igual que cuando la conocí, privándose de todo por satisfacer las necesidades y caprichos de los demás; la vi preocupada como cuando no podía complacerme en alguna de mis peticiones y la vi caminando como siempre incansable de un lado a otro, hablando en tono enérgico y con palabra franca… y ahora frente a mí la tenía, hablando poco y en voz baja, con dos lágrimas aflorándoles a los ojos y en la garganta un nudo. Y en aquel instante odié, maldije y amé. Odié las miserias humanas, maldije la desgracia de mi patria y la amé a usted más que nunca, porque en ese instante vi reflejado en su rostro el dolor de todas las madres de mis compañeros muertos.

Después supe que hace breves días intentó verme y lloró porque no se lo permitieron y al enterarme sufrí y por eso ahora le pido y le ruego que me complazca, que no venga por aquí hasta que autoricen las visitas, y si nunca las permitieran, le juro que prefiero morir y no verla jamás, a verla humillada y pidiendo favores a personas que no consideran su grandeza de mujer y como madre. Sé que por sus hijos una madre es capaz de todo sin reparar en el sacrificio. Yo solo quiero de usted que se porte valiente. Igualmente te pido que no vengan al juicio, pues no lo creo necesario y solo podría traerte más disgustos, espero que me complazcas. Si no han recibido carta de Fidel, no se preocupen, ustedes conocen su carácter y además creo que todo lo que he escrito aquí es lo mismo que siente él hacia ustedes y por los demás. Les pido que se ocupen de Mirtha y Fidelito.

Bueno, Madre, aunque aparentemente apenas he mencionado a mi padre, que no lo crea así, pues a ustedes dos me los imagino como si fueran uno solo y por tal motivo a los dos va dirigida esta carta, y por eso es que le repito que solo quiero de ustedes que se porten valientes como siempre y así yo tendré más valor, pues solo me acobarda vuestro dolor. Si sufro, no importa, porque lo que hoy es sacrificio mañana será gloria y en verdad que no hay placer tan grande, cuando se sufre, por lo que sufrimos nosotros.

Reciban todo el cariño de su hijo que les pide la bendición,

Raúl

(De Raúl Castro Ruz, Obras escogidas, Tomo I, pp 15-17)

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