En la ONU, la verdad de Cuba
Octubre bien podría llamarse el mes de la verdad, en el que caen las máscaras. Cada año, cuando el calendario llega a su décima hoja, Cuba se convierte en una suerte de suero contras las mentiras. En 2026 la concentración de la «medicina» es abundante, a fin de contrarrestar la «enfermedad» que azota la Casa Blanca.
Este 27 de octubre, la Mayor de las Antillas llega a la Asamblea General de la ONU con un informe colmado de cifras que han aumentado aceleradamente. Y más que con números, llega con dolorosas historias que son el día a día de un pueblo que se niega a doblegarse.
Equipos médicos que hacen complejas operaciones con lámparas recargables, niños y jóvenes que estudian en la oscuridad, familias que procuran el bocado diario porque el refrigerador no tiene frío… El bloqueo tiene muchos nombres y rostros.
No es propaganda, como le han mal llamado desde Washington. Es una realidad palpable que habita en cada hogar de la nación caribeña: que entra sin llamar a la puerta, atraviesa el televisor apagado de la sala, llega a la cocina plagada del olor del carbón, se instala en las pilas sin agua, en los cuartos en penumbras. Y también cruza fronteras, en su expresión más extraterritorial.
Se trata de una persecución declarada. Ya ni siquiera lo niegan. Así lo demuestran documentos presentados recientemente por el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla.
A sabiendas de que no pueden destruir la Isla desde adentro, han puesto también su empeño en chantajear a todo aquel que tenga algún vínculo solidario o comercial con ella. Acuden sin escrúpulos a su poderío tecnológico, militar, comercial, para recordarles o advertirles a los gobiernos qué podría pasarles si su voto es un «sí» a favor de poner fin al bloqueo.
Han declarado que Cuba es una amenaza, pero son ellos los que coaccionan, presionan, intimidan…
Cuando la tierra de Martí presente su informe en las Naciones Unidas, esta vez habrá pasado por un debate adicional celebrado en julio, en el que las voces de muchos países no se dejaron silenciar. Habrá tenido la constancia del informe de la Relatora Especial sobre Medidas Coercitivas Unilaterales, que el Consejo de Derechos Humanos de ese organismo multilateral pudo conocer. No lo dijo Cuba, lo comprobó la ONU con toda crudeza.
Hubo también recientemente un Foro de la sociedad civil cubana de las Naciones Unidas contra el bloqueo, en el que se catalogó al añejo cerco como «el ejercicio más cruel y despiadado de reconcentración de toda una población». Y se llevó a cabo una audiencia parlamentaria pública, en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, porque sí, son muy sensibles los efectos de esa política genocida en la Salud Pública.
Entonces, ¿quién es el mentiroso? Si el objetivo de Washington es el Gobierno cubano, ¿por qué es la supervivencia del pueblo la que está en juego?
En la ONU, este miércoles, cuando cada país dé su voto, no solo estará tomando una postura sobre la resolución de Cuba, sino también sobre el destino de todas las naciones.
