La crisis artificial y la posibilidad real de una acción militar contra Cuba (+ Video)
El pueblo estadounidense tiene aversión a las guerras. Tiene aún más aversión a las guerras injustas e innecesarias que sacrifican la moral y el presupuesto estadounidenses. Prefiere que su gobierno se enfoque en temas internos, ayude en la generación de empleos, reduzca la inflación, amplíe los servicios de salud, entre otros temas. Así lo demuestran los resultados de diversos sondeos de manera sostenida.
En el caso de Cuba, estudios de la prestigiosa encuestadora YouGov y del Centro para la Investigación Económica y de Políticas (CEPR, en inglés) de marzo y mayo de este año muestran que una sólida mayoría, superior al 60%, se opone a una acción militar. La mayoría se opone además a la guerra económica y favorece las relaciones diplomáticas.
El rechazo a los peores impulsos de la derecha anticubana proviene de los dos partidos y de diversos sectores de la sociedad estadounidense. Un grupo de senadores republicanos, incluyendo parte de su liderazgo, manifestaron su cuestionamiento al presidente Trump a inicios de mayo. Los emularon 16 ex militares de inteligencia bajo la organización Veteranos Profesionales de Inteligencia para la Cordura (VIPS). También lo han hecho el Caucus Negro Congresional (más de 50 legisladores), miembros del Congreso de forma individual y múltiples organizaciones progresistas, de cubanos, académicos.
Sin embargo, no quedan dudas de que la Casa Blanca y el Departamento de Estado coordinan una campaña para intentar crear las condiciones políticas que justifiquen una agresión contra Cuba.
Estamos ante un caso típico de los que los intelectuales estadounidenses Noam Chomski y Edward Herman llamaron «fabricación del consenso»: la saturación de la opinión pública estadounidense con una narrativa sensacionalista de modo que induzca a la aceptación de la guerra.
Tal ha sido el proceder histórico del gobierno estadounidense desde la explosión del acorazado Maine para justificar la intervención en Cuba en 1898, hasta las dos guerras mundiales, Vietnam, Granada, Panamá, Iraq, Afganistán y más recientemente, Venezuela e Irán.
Para Cuba el libreto es obvio:
• Construcción de un «enemigo»: Es el eje fundamental en la actuación de la derecha anticubana para intentar llevar a EEUU a escenarios de confrontación con Cuba. Predomina en el discurso oficial la idea de que Cuba constituye un adversario y una amenaza a la seguridad nacional. Las razones son cambiantes, se adaptan al contexto estadounidense y no se avalan en la realidad verificable.
Lidera este esfuerzo el Secretario de estado, quien demoniza a Cuba por sus relaciones exteriores, sistema de gobierno e ideología. El expediente incluye los imaginarios ataques sónicos, las inexistentes bases chinas, los nunca vistos 40 mil soldados en Venezuela.
Mintieron cuando los 300 drones y más.
• Articulación con medios corporativos, líderes de opinión y red de plataformas digitales tóxicas. Saturan la esfera pública, espacios digitales y las mentes de los consumidores con el mensaje de que una acción militar es inevitable e inminente. No importa que el contenido no respalde los titulares de medios como Axios, Político, The New York Times o NBC News.
• Recrudecimiento de la guerra económica a niveles sin precedentes. Al acumulado de más de 240 medidas para asfixiar la economía cubana durante el primer gobierno de Trump, ahora se suman decenas de otras para aumentar el daño a la economía cubana. Sobresalen las órdenes ejecutivas del 29 de enero y el 1ro de mayo de 2026, para bloquear los suministros de petróleo y derivados, y expulsar a las empresas extranjeras con presencia en Cuba.
*EE.UU. intenta convertir a Cuba en un gran campo de concentración al estilo de los peores nazis en la segunda guerra mundial, o del español Valeriano Weyler que EEUU observó impasible para tomar a Cuba debilitada en 1898.*
Un funcionario gubernamental actualizó para Axios el 28 de mayo, el infame Memorando que el secretario adjunto para asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, Lester Mallory, inmortalizara en abril de 1960, acerca de los objetivos siniestros de la política hacia Cuba. El funcionario confesó:
“Va a hacer calor. La gente no tendrá electricidad. La comida se echará a perder sin refrigeración. La gente se enfadará. Podrían salir a la calle. ¿Y entonces qué pasará? No veo al presidente sin hacer nada si hay represión”.
El fin macabro es deprimir las condiciones de vida de los cubanos para conducirlos a un estallido social y que EEUU intervenga como salvador.
• Guerra psicológica: a través de la arquitectura de medios y plataformas digitales antes descrita, se infunden temores, tensiones, desesperanza respecto del futuro, se ubica la responsabilidad en el gobierno cubano y se insta a que los cubanos amen a su verdugo y abracen la intervención extranjera. Ignoran con toda intención el diseño de la política estadounidense y su ejecución fría y deshumanizada.
• Incitaciones a la violencia social. Personajes en redes digitales desde el exterior siguen el manual de Guerra No Convencional contra Cuba y exhortan a la violencia entre cubanos. Los congresistas del sur de la Florida se incorporan abiertamente, reflejo de su interés en manipular la política anticubana para la movilización electoral e ignorar los temas que interesan a la ciudadanía allí.
• Judicialización de la política. La mejor evidencia es la falsa acusación al General de Ejército Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en febrero de 1996. La acción judicial pretende conferir un viso de legalidad a una eventual acción militar. Ya lo hicieron contra el presidente Venezolano Nicolás Maduro, el panameño Noriega en 1989, el yugoslavo Milosevic en 1998 y muchos otros. La sangre de los cuatro fallecidos en 1996 está en las manos del gobierno estadounidense, las autoridades de la aviación en Miami y el liderazgo de Hermanos al Rescate, quienes no tuvieron el coraje para detener las ilegales penetraciones del espacio aéreo cubano, a pesar de las repetidas advertencias.
• Desestimulo del secretario de estado a las conversaciones con Cuba. Como entre personas, entre gobiernos cualquier proceso de conversaciones precisa de buena fe, deseo de avanzar, enfoque en lo que es posible, y no en lo que nos separa. Esto está ausente en las declaraciones del secretario de estado de EEUU, quien en realidad parece dinamitar el proceso. Estos preceptos están ausentes de otras conductas de EEUU, pues acrecienta las penurias de la economia y el pueblo cubano, y las sanciones contra aquellos cubanos que sirven de contraparte en las conversaciones. Es lo que justifica que la Cancillería cubana haya evaluado que no hay progresos en el proceso.
La crisis actual en las relaciones bilaterales es artificial, creada por el gobierno de EE.UU. La política de EEUU contra Cuba es unilateral. Cuba no representa una amenaza ni es enemigo de EEUU. Existe una base para el desarrollo de un agenda común económica y de cooperación en materia de seguridad nacional, sin humillaciones, y en beneficio de ambos países.
Como se vio entre 2015 y 2017, hay un gran interés en el sector de negocios de EEUU y de los cubanos que allí residen en participar en el desarrollo económico de Cuba. Es la política de EEUU y el bloqueo el obstáculo fundamental a una participación sustantiva. También obstruyen una cooperación efectiva para enfrentar delitos como el terrorismo, el tráfico de drogas, la trata de personas y la migración irregular.
En video, la Mesa Redonda
Tomado de Cubadebate
