2 de mayo de 2026

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Alegría infinita por Liliam Padrón

Hoy desde el cielo el maestro Ramiro Guerra aplaudirá la decisión del jurado que le otorgó el Premio Nacional de Danza. Una legión de matanceros, y otra legión de alumnos desperdigados por aquí y acullá, aplauden la decisión que honra a una de las carreras más comprometidas y auténticas dentro del movimiento de la danza contemporánea.

Al día siguiente de conocerse la gran noticia que a tantos alegró, Liliam Padrón seguramente se incorporó de la cama, tomó sus bártulos y partió al encuentro de sus alumnos de la compañía Danza Espiral como si nada hubiera pasado. Tendrá su mente ocupada en algún nuevo proyecto de esos que le roban la calma y el sosiego hasta que se descorra el telón del teatro.

Pasadas las horas del alegrón inicial irá cediendo al ajetreo cotidiano en la que esta valiente mujer se sume todos los días, donde cada gesto, idea y propósito guarda relación con la danza, por la que ha vivido gran parte de su vida y a la que le ha dedicado todas sus fuerzas.

Y aunque el tiempo va mellando el organismo, y sus extremidades quizás no les respondan con el desenvolvimiento de antaño, Liliam la maestra de tantos, sigue bailando con la capacidad absoluta de desatar un vendaval en la calzada de Tirry, en plena calle Medio, o en su amado Sauto.

Como pocas veces en la larga historia cultural de esta comarca taciturna un premio ha desatado tanto cariño y aceptación como el recibido por la querida formadora de generaciones de bailarines en Matanzas.

Los que le quieren y respetan aguardaban por este reconocimiento, pero cuando recaía en otro nombre el respeto hacia Liliam crecía más, porque lejos de amilanarse, abría los ojos al otro día, tomaba sus bártulos y partía al encuentro de sus bailarines, para renacer en nuevas aventuras danzarias.

Liliam es una niña inquieta que ha vivido mucho, llorado algo, y defendido siempre con todo su ser y con las palabras más honestas que se puedan escuchar, todo en cuanto ha creído.

No se desplaza con dobleces, no actúa ni pide la palabra para endulzar oídos, al pan, pan, y al vino, vino. Con el mismo cariño maternal que te arropa te suelta las 40. Es de esa raza pura en extinción que no teme a las consecuencias a la hora de emitir un criterio. Dice lo que piensa después de pensar mucho, pero sin hipocresías.

Hoy desde el cielo el maestro Ramiro Guerra aplaudirá la decisión del jurado que le
otorgó el Premio Nacional de Danza. Una legión de matanceros, y otra legión de alumnos desperdigados por aquí y acullá, aplauden la decisión que honra a una de las carreras más comprometidas y auténticas dentro del movimiento de la danza contemporánea.

Matanzas se enorgullece de contar con figuras devenidas en hechos poéticos que se
convierten en símbolos de nuestra matanceridad. En un sitio honor, junto a tantos nombres ilustres que ha parido esta tierra, habrá un espacio especial para Liliam Padrón.

La maestra que regaña severamente con una sonrisa, y que las niñas pequeñas aprenden a
idolatrar desde la primera vez que se colocan un tutú e intentan danzar mediante sus enseñanzas.

De Liliam se puede hablar y escribir largamente sobre sus tantas batallas, las viejas y las nuevas, como la de aquella sede prometida que por demorada nunca consiguió arrebatarle las ganas de danzar y de crear coreografías y proyectos culturales.

Lo de Liliam es bailar, dirigir, enseñar, desembolsar dinero de de su cartera cuando se hace necesario salvar una puesta en escena, el diseño de un cartel, o la producción de un espectáculo. Y lo hace con tal convencimiento, no porque le sobre el dinero, es que le alcanza el coraje para dejar de comer y enfrentarse a la estreches si así logra salvar el arte que más ama.

Da lo mismo si la obra se representa en una encumbrada sala o en la explanada de aquel
batey intrincado, sus muchachos reverenciarán al público y la Padrón les conminará a que regalen lo mejor de sí, con exigencia y amor absoluto por lo que se hace, como lo ha demostrado a lo largo de su existencia, y por la que el pueblo de Matanzas le venera desde siempre.

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