Liliam Padrón y su Premio Nacional: una vida consagrada a la danza
Fotos de Carrete Producciones y Adversy Alonso
Ella sale al escenario con el pelo revuelto -cabello de palmera en vendaval, como dijera una poeta- y vestiduras negras. Su cuerpo se desliza de un extremo a otro con elegancia y belleza.
Es 29 de junio. Han pasado exactamente dos meses de un anuncio que los matanceros esperaban. El Mirón Cubano acogió, justo cuando se cumplían 104 años del natalicio de Ramiro Guerra, a amigos, representantes de instituciones y seguidores de Liliam Padrón Chávez, para la entrega del Premio Nacional de Danza 2026.
“Siempre es un gusto ser reconocido, pero uno no trabaja para eso, por lo tanto, primero fue inesperado recibir el premio. Creo que todos los que estuvieron nominados tienen sobrada obra para recibir este premio y otros muchos que no lo han recibido, que no están nominados.
“Fue una tarde hermosa y es un placer que tantas personas queridas compartan esta alegría. Más que el premio es compartir la danza, haber podido bailar y que los muchachos pudieran bailar”.
La bailarina, coreógrafa y profesora recibió el galardón con el pelo suelto y húmedo, con la sonrisa a flor de piel, el alma desnuda y los pies descalzos, de las manos de Marta Bonet, presidenta de la UNEAC.
“Realmente ha sido un momento muy emotivo. Yo creo que Lilita es una de las personas más lindas, profesionales, con una humanidad que desborda, incluso en su propia danza.
“Lilita es más que merecedora de este Premio Nacional de Danza 2026 y es un premio no solo a Lilita, a toda la obra fundacional que ha hecho durante cuarenta años de carrera artística, desde la fundación de Danza Espiral que es uno de los proyectos más emblemáticos dentro de la danza contemporánea cubana.
“Fue una tarde maravillosa, hermosa. Hemos recorrido incluso a través de ella los pilares fundamentales de la danza en Cuba. A través sus agradecimientos a toda la cultura matancera y creo que eso es muy importante”.
Otra vez a bailar, siempre en vueltas concéntricas, como el tornillo que taladra el pecho hasta salir la luz. Una irradiación tricolor que ostenta con orgullo y con vasto ejemplo. Ha bailado por toda Cuba y por el mundo, advierte en sus palabras de elogio Rubén Darío Salazar.
También Jorge Brooks Gremps, presidente de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC, se refirió a lo justo del reconocimiento.
“Son muchos años los que me unen de conocimiento y de ver bailar a Liliam. Ella ha sido una de las personas para mí más coherente en el mundo de la danza moderna y contemporánea cubana; sobre todo ha sido una persona fiel, que apoya a todo el mundo que hace danza en este país, con una obra sólida en cuanto a formación pues ha sido una gran maestra, ha construido una compañía que va a cumplir 40 años en una ciudad como Matanzas.
“Creo que cuando se habla de Matanzas y se habla de la cultura matancera, que es inmensa, Liliam Padrón y danza Espiral tienen un lugar. Es un premio esperado y sobre todo un premio muy merecido pues hoy día tiene una obra muy conceptual que se mueve desde la música, la literatura, el cine, el teatro”.
Parece que nació allí la mujer-viento, la mujer-pájaro, sobre las mismas tablas que sostienen sus pies cansados, persistentes, deformados por bailar en condiciones insospechadas.
Liliam no se mueve cuando baila; ella fluye, se revuelve, destila de su cuerpo el sentimiento y se hace parte del aire alrededor. Su cuerpo, tan dado y dispuesto al movimiento como el corazón a bombear la sangre, se condensa, se evapora, levita y cae, como un aguacero de verano.
Lilita representa a la danza en Matanzas, a la poesía instaurada en el cuerpo de una bailarina, la sensibilidad de un pensamiento abierto a las tendencias, los estilos, educada en el San Petersburgo de Dostovieski y en los ritmos, la cadencia, los sedimentos de la cultura espiritual de Matanzas y la nación, expresó el crítico, dramaturgo y escritor Ulises Rodríguez Febles en la ceremonia.
Allí está ella, sonriente, sencilla, obstinada, haciendo lo que más ama y la apasiona, a sus 67 años como si tuviera 20. La danza le inocula fuerza, ha sido su manera de expresarse, de sentir, de protestar, de apoyar, de vivir.
“Sus razones al bailar no van de mantener una línea perfecta, lo suyo respira en otra frecuencia; hay otras urgencias latiendo, esas que tienen que ver con nuestras responsabilidades sociales, culturales, humanas que revelan las sombras de los otros, las infiltra para cartografiar nuestras grietas; en lugar de diseñar secuencias bonitas se mete en los conflictos y da el cuerpo para ver cómo se rompe y con suerte cómo se recompone”, dijo Noel Bonilla, profesor, crítico y asesor de danza, en reconocimiento de la trayectoria de la Padrón.
Entre sus más de 800 coreografías, Liliam escogió tres para celebrar el Premio: Eclipse, Premio Villanueva de la Crítica 2025, unipersonal potente, sugerente, emotivo; La consagración de la primavera, icónica y representativa de la trayectoria de la artista, en cuya obra danzaria cobran vida la representación teatral, el discurso visual, el encanto de la literatura, al mezclar la música de Stravinsky con percusión cubana, una presencia casi permanente desde los orígenes de su Espiral y Aproximación a la adivinación, segundo intento, Premio Codanza de coreografía del Grand Prix Vladimir Malakhov 2015, pieza que referencia su conexión con la entonces Unión Soviética donde realizó estudios de danza, creada a partir de la provocación que fue para ella la mujer soviética que Ulises reflejara en su novela Minsk.
Tuve el placer de escuchar su cuerpo, sus brazos, manos y piernas liberando palabras ausentes de simulaciones. Ella es intensa e irreverente ante la permanencia del ritual de la teatralidad, publicó después el Premio Nacional de Teatro René Fernández Santana.
Asimismo, Marilyn Garbey, presidenta de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC reconoció la labor de la bailarina, profesora y coreógrafa matancera.
“A mí me hace muy feliz que Liliam Padrón haya recibido el Premio Nacional de Danza primeramente porque es una mujer que ha dedicado toda su vida a esa especialidad, que es muy exigente en términos rigurosos de tiempo, de vida, de investigación y de estudio.
“Lilita ha sido madre, bailarina, esposa, coreógrafa, hija y aun así ha creado una obra de extraordinario valor artístico. Esa manera de trabajar ella mezclando la música, la danza, la poesía, el teatro ha hecho de la suya una obra singular.
“Cuando Lilita entrena, cuando los bailarines de Lilita, que tienen cuerpos diversos, suben a escena, se nota la calidad de los movimientos, la calidad del entrenamiento. Es como el mito de Sísifo, ha tenido que formar una y otra vez su compañía; sin embargo, cada vez que se presenta Espiral hay razones para aplaudirlo.
“Para Lilita todas mis felicitaciones. Ojalá que este premio le sirva de estímulo para, a pesar de las condiciones difíciles en que se vive en Cuba, ella siga haciendo crecer la danza cubana”.
La Dirección provincial de Cultura, el Consejo provincial de las Artes Escénicas, el Comité de la UNEAC en el territorio, el Gobierno y el Partido congratularon también a la Maestra de no pocas generaciones de bailarines.
Se sumaron al agasajo el proyecto Concilio de las aguas y Ediciones Matanzas con la publicación de un libro arte, especialmente diseñado por Johann Trujillo para la ocasión, con poemas que Rolando Estévez Jordán, Sigfredo Ariel, Maylan Álvarez, Alfredo Zaldívar, Náthaly Hernández Chávez y Daniel Cruz Bermúdez dedicaron a la Maestra.
El 29 de junio último se hizo realidad un sueño anhelado largamente en Matanzas. Ya Liliam Padrón Chávez recibió el Premio Nacional de Danza 2026. Lo hizo bailando. No podía ser de otro modo. Al día siguiente, tan atenta y respetuosa de su público, dedicó una segunda función a quienes la siguen y acompañan.
Lilita, la que baila hasta cuando desanda las calles de Matanzas, la que ha colaborado con la mayoría de los artistas matanceros en proyectos disímiles, la que ha sostenido contra viento y marea a Espiral, la creadora y defensora del Danzandos, es Premio Nacional de Danza, pero sigue con el pelo revuelto y vestiduras negras, la sonrisa a flor de piel, el alma desnuda y los pies descalzos, auténtica y única, haciendo la danza, como el primer día, en su adorada Matanzas.
