¿Cuántas arrugas guardan una herida que no se ve?
Una sociedad que maltrata a sus adultos mayores es una sociedad que olvidó su propio futuro. No esperemos a que el silencio se convierta en lápida. Escuchemos a quien tiene la voz cansada, pero la verdad intacta
Un dolor silencioso que crece a la sombra de nuestros hogares es el abuso y maltrato hacia las personas mayores. La ONU lo definió como un problema global, ¿cuántas arrugas guardan una herida que no se ve?
Cuando hablamos de maltrato al adulto mayor no nos referimos solo a los golpes. El abuso también es económico: la pensión que no alcanza o que otros administran sin rendir cuentas, es psicológico: el «tú ya no sirves» o la indiferencia de una familia que tiene prisa. Incluso es social: la falta de un transporte accesible, una acera rota o una farmacia sin medicamentos para tratar dolencias. Eso también duele y duele en silencio.
En nuestro país muchos abuelos viven solos o con familiares que convierten el cansancio en negligencia. La sobrecarga del cuidador es real, pero no puede ser excusa para el olvido. El respeto a nuestros mayores no es un estribillo de la Revolución, es un mandato de humanidad.
Detectar el maltrato temprano, denunciar al familiar violento o al vecino abusivo y también exigir políticas públicas que realmente protejan la dignidad de quien ya nos dio todo, es responsabilidad nuestra.
Porque una sociedad que maltrata a sus adultos mayores es una sociedad que olvidó su propio futuro. No esperemos a que el silencio se convierta en lápida. Escuchemos a quien tiene la voz cansada, pero la verdad intacta.
