Por una maternidad más consciente
¿Te has imaginado alguna vez criando a un niño siendo tú aún una niña? ¿Dejar tus estudios porque ahora tienes una mayor responsabilidad sobre una nueva vida que está creciendo en ti? Niñas adolescentes de todo el mundo enfrentan a diario el reto de ser madres a muy temprana edad y el cambio radical en sus rutinas.
El embarazo adolescente es un tema social que además de constituir un riesgo médico elevado, trae consigo dificultades socioeconómicas y de otras índoles. Esta etapa, que comprende entre los 10 y 19 años de edad, en muchos casos se ve interrumpida cuando la joven queda embarazada y decide seguir adelante con el bebé.
En el mundo se producen cada día millones de nacimientos de madres adolescentes con prevalencia en regiones como América Latina, Asia oriental y África occidental por los bajos niveles de vida predominantes. Dichos números, inclusive posibilitan la normalización de este complejo fenómeno.
Sólo en Cuba del 2020 al 2022, la tasa de fecundidad para madres adolescentes resultó en un aproximado de cincuenta por cada mil mujeres, cifras que evidencian que el embarazo adolescente en la Isla constituye un problema de salud importante.
La gestación en este período, puede traer severas complicaciones como la presentación de cuadros de mala nutrición, una mayor probabilidad de abortos espontáneos, partos prematuros, bajo peso en los bebés y posibilidades de nacer con problemas de salud como trastornos de desarrollo.
Los expertos aseguran que la edad más apropiada para dar a luz es entre los 20 y los 35 años, ya que el riesgo para la salud de la progenitora y su criatura es mucho menor por el nivel de desarrollo físico y psicológico superior que alcanzan las féminas en este período.
En el aspecto psicológico, las mamás jóvenes sufren miedo constante a ser rechazadas en la sociedad, lo que producen que en ocasiones incluso rechacen al propio bebé debido a la inmadurez propia de la edad y al pánico que supone asumir grandes responsabilidades y obligaciones.
De igual manera durante este proceso pueden sentir culpabilidad y un decrecimiento en su autoestima. Convivir con conflictos internos que surgen dentro del núcleo familiar y experimentar una mayor tasa de fracaso escolar.
En cualquier caso, la mejor prevención recae en una buena educación sexual desde el seno familiar y la formación en las instituciones académicas. Informar a la juventud mediante un diálogo abierto y transparente sobre los riesgos y complicaciones del embarazo en la adolescencia para que tengan a su alcance la información necesaria.
La maternidad está concebida como un regalo, una bendición o la razón para no rendirse nunca. Asumir el compromiso de criar a un ser humano cuando apenas se empieza a vivir, es un reto que no admite segundas oportunidades. Vivamos nuestro hoy con mayor responsabilidad para una mejor crianza de vidas futuras.
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