El teatro que desafía el tiempo desde Matanzas
Fotos: Carrete Producciones y Ulises Rodríguez Febles
El Premio Nacional de Teatro René Fernández Santana, como otros tantos matanceros, no podía faltar a las celebraciones por el 163 aniversario de la inauguración del teatro Sauto, este lunes, 6 de abril.
“Me he sentido muy emocionado. Este teatro no pierde sus valores en el tiempo. Ser testigos de cómo se generó esta acción es interesante, o sea, cómo los espacios de este teatro fueron explotados desde un mirada más contemporánea.
“Verdaderamente es emocionante poder haber estado aquí y ver esa mirada al teatro en la exposición A Sauto desde Sauto, a él, desde el presente, desde este local, su arquitectura, desde sus trabajadores, desde los artistas matanceros que hemos estado aquí, en este homenaje”.
Los trabajadores del Sauto festejaron los 163 años del teatro este lunes, 6 de abril, durante una velada sencilla pero llena de emoción y recuerdos. La actuación del coro selectivo de la Escuela de Arte de Matanzas, Altaire, bajo la dirección de la maestra Vanessa Herrera antecedió a la inauguración de la exposición A Sauto del Sauto.
“Desde antes de nuestra reapertura, en 2019, hemos procurado que no pase por alto el aniversario del teatro, pese a lo adversas que pudiera ser las circunstancias. Desde el aniversario 155 no ha dejado de celebrarse esta festividad que no solo es una fiesta del teatro sino de toda la ciudad de Matanzas.
“Este año llegamos al 163 aniversario y hemos involucrado a instituciones hermanas que han estado vinculadas por larga data a nuestra historia. Ayer tuvimos una presentación de la Banda provincial de Conciertos dedicada al Sauto, con un programa diverso que entronca con la larga historia musical de nuestro coliseo y hoy eh inauguramos una exposición”, expresó Amarilys Ribot, asesora general del teatro Sauto.
En la taquilla de la institución, se exponen objetos pertenecientes a Ambrosio de la Concepción Sauto y Noda, quien se sumó desde el principio al empeño de construir el entonces teatro Esteban, rebautizado en su honor en febrero de 1899.
“Esta exposición reúne algunos objetos vinculados a su vida, su trabajo y a su muerte, algunas reproducciones de documentos vinculados a su persona y a su labor, en la taquilla del teatro que está ambientada como una oficina de la época con el mobiliario, los accesorios, acciones que se vendieron para la construcción del teatro firmadas por él.
“Este es nuestro homenaje que quisiéramos que fuera más grande todavía pero hacemos a su memoria porque nos dejó este lugar maravilloso. No puede haber Matanzas sin Sauto, ni Sauto sin Matanzas”, agregó la también periodista y editora.
Se pueden encontrar, entre otros, una fotografía del también Doctor en Farmacia, un peinetero-afeitador, lápidas de su tumba original y la de su esposa, Juana Jenckes Jimeno, documentación y publicaciones relacionadas con el producto insigne de su formulario, y otras referentes a su erudita labor social.
Kalec Acosta Hurtado, director del Sauto, se refirió a las celebraciones que antecedieron a este momento y las premisas que defiende el teatro a 163 años de su fundación.
“Lo hicimos con un programa organizado por la Oficina de Conservación del propio teatro y Amarilys Ribot, la asesora de teatro. El Sauto siempre promete y esta vez quisimos no hacer un espectáculo dedicado al 163 aniversario, sino hacer un homenaje, un pequeño reconocimiento a la labor de Ambrosio de la Concepción Sauto y Noda hacia este teatro.
“Antes desarrollamos una jornada con la presencia de las compañías Abracadabra, de Cienfuegos, Danza Espiral, Lidis Lamorú en la clausura del Taller Internacional de Teatro de Títeres y un espectáculo dedicado a los jóvenes, con jóvenes aficionados.
“El Sauto es para todos sus públicos, para todos los artistas, en especial para los artistas matanceros, con una programación polivalente, elegante, fina, buscando los gustos y las necesidades de nuestra población y de nuestros públicos”.
Muy estrechamente ligada a la historia del teatro yumurino durante las últimas décadas, la de René Fernández Santana nació, se forjó y consolidó entre los pasillos, la platea y el escenario del Sauto, al que reconoce como la madre de la cultura matancera.
“Este teatro me educó, en él aprendí mucho, en ese escenario. Era estudiante de la secundaria básica Manuel Sanguily, junto a otro Premio Nacional de Teatro también matancero José Milián, y hacíamos acciones teatrales en la escuela.
“Aquí hicimos un primer espectáculo. El día de reyes fue un espectáculo de iniciación. Aquí también estudié en la academia de arte dramático. Este teatro yo lo he caminado, lo he corrido en mis 82 años, en otros momentos históricos, con puestas en escena que he hecho para aquí.
“¿Qué podría decir de este teatro? Por dentro, por fuera, sus sótanos, todos sus lugares alimentaron mi vida artística y contribuyeron a la entrega a mi profesión. Este teatro guarda mucho arte, no solamente el teatral. Yo creo que el arte vive en sus paredes, en el mobiliario, en las rejas, está en todo lo que es la vida”.
Estuvieron también quienes han acompañado los destinos del inmueble que encabeza la trilogía de teatros clásicos del siglo 19 en Cuba durante la época más reciente, sus trabajadores y defensores más celosos. Asimismo, Acosta Hurtado reconoce de dónde viene la luz que mantiene latente y vivo al coliseo matancero de estilo neoclásico.
“No podemos dejar de hablar de Sauto sin su público, sin los matanceros. Sauto hoy es un paradigma importante para la cultura matancera. No hay luz que ilumine el Sauto sin los matanceros y la luz que emite Sauto es para la cultura matancera y para los propios matanceros de esta ciudad. Gracias a todos por sentir al teatro Sauto como suyo y por sentir que la cultura en Matanza vibra desde esta institución”.
El teatro Sauto se inauguró el 6 de abril de 1863. De estilo neoclásico, el edificio diseñado por el arquitecto italiano Daniel Dall´Aglio fue declarado Monumento Nacional en 1978 por el conjunto de valores históricos, arquitectónicos, patrimoniales y culturales que lo distinguen.
Luego de más de un siglo y medio, el Sauto reta al paso de los años. El coliseo matancero renace desde sus ventanas siempre abiertas, la vigorosidad con que se elevan las estatuas del parque, los colores que imprimen elegancia a la joya arquitectónica, el ajetreado andar de sus fieles trabajadores, la luz que de él emana y la impetuosidad con que desafía al tiempo.
