Aquellos fundadores
Fueron treinta familias. Llegaron a orillas del Guanima, con brazos de arrullo y aire limpio. Refrescando la piel curtida de Canarias, llegaron a fundar, a sembrar en la tierra sueños, flores frescas, de Isla a Isla.
Cruzaron el océano bravío, detrás de un susurro de arena caliente y agua dulce traída por tres ríos. Llegaron con el corazón hecho de lava y almendras y el aire aventurero como medallón de gallardía.
No eran conquistadores con espadas brillantes, como los que enfrentaron a los aborígenes rebeldes que poblaban estas tierras.
Eran trabajadores de manos callosas,
que buscaban un valle donde plantar tuneras
y recordar al silbo gomero, cuando el viento alisio se tornaba en brisa de palmas.
Traían en las alforjas semillas arrugadas, la receta del mojo en la memoria antigua y la fe en la Virgen María, en la Candelaria, que ahora miraban desde otro mar.
Llegaron con la lluvia escasa de sus islas y la tornaron río y puente; con piedras edificaron la plaza mayor, junto a la iglesia, donde la ceiba floreció mezclando raíces con la sombra de los dragos, desde aquel 12 de octubre de 1693. Y llamaron a la incipiente comarca San Carlos y San Severino de Matanzas.
Mientras el Nuevo Mundo bailaba un ritmo añejo, el pueblo creció como crece la barrilla en la costa, firme, resistente, verde contra todo pronóstico.
Pero en cada niño nacido bajo el sol, quedó el mapa de las siete islas, dibujado en la palma de la mano.
Hoy sus calles rectas, sus mansiones y casitas de barrio, tienen un acento mezclado, al juntarse las sangres española y africanas, como el café con leche en las mañanas.
El alma canaria permanece en el tiempo, tenaz y dulce, inmensa como el mar que valiente cruzara.
Cuando el tambor suena en las romerías, cuando el vino corre y el cuerpo danza, allí resurge su aliento.
Porque no se funda un pueblo solo con ladrillos, se funda con la savia de los que recuerdan, con la certeza de que en algún lugar, siempre hay una isla y un océano que, al final, es solo un puente, un puente entre dos tierras que se aman.
