Nube de colores en Matanzas
En Matanzas, una nube iridiscente tiñó el cielo con tonos verdes, rosas, púrpuras y destellos dorados, visible desde la carretera Sidra-Triunvirato hasta San Miguel de los Baños y Limonar. El insólito espectáculo transformó el atardecer y detuvo las labores de conductores y campesinos.
La ciencia explica que este prodigio nace cuando diminutas gotas o cristales de hielo de tamaño casi idéntico se alinean en la nube. Los rayos solares se desvían y separan en distintas longitudes de onda, como un prisma, y la interferencia amplifica unos colores mientras apaga otros, regalando bandas pastel.
El avistamiento se expandió rápidamente: los viajeros dieron la voz de alarma, los ancianos de Limonar recordaron visiones de su juventud y los jóvenes usaron sus teléfonos para inmortalizar el instante. La nube caprichosa se movía lenta, manteniendo a toda la provincia expectante.
Sin necesidad de telescopios, bastó levantar la cabeza para apreciar este regalo efímero de la naturaleza. Al desvanecerse con la noche, cada testigo guardó en su retina esa paleta de sueños. Matanzas compartió bajo un mismo cielo una belleza que demuestra que lo cotidiano aún guarda maravillas.
