Destrozos y depredación en un parque infantil (I parte)
Los vecinos del parque infantil que se erige a un costado del Servicentro Oro Negro del viaducto matancero no logran descifrar con exactitud cuándo sobrevino sobre ese sitio de esparcimiento semejante nivel de desidia.

No saben si primero arrancaron de cuajo la cerca perimetral, si antes destruyeron las edificaciones, o si todo comenzó cuando desmantelaron, uno a uno, los equipos del parque de diversiones que tanta alegría regalara a los niños.
Ningún vecino recuerda cómo se llegó a tal estado de destrucción, y casi a la vista de todos.
Lo cierto es que hoy nada queda del parque que alguna vez convocará a los infantes del barrio La Playa; ¡nada! solo escombros por doquier, y con tal impunidad que algunos pobladores advierten hasta sobre la presencia de una brigada de demolición que nadie sabe cómo llegó ni si cuentan con autorización, solo que se desplaza y destruye con total impunidad.
Al paso del tiempo muy poco queda en pie de lo que algún día fue un agradable espacio para el divertimento infantil.


Los escombros distinguen a este sitio ruinoso a dondequiera que se dirija la vista.
Los vecinos aseguran que la ilegal brigada de demolición se ha encargado de extraer los bloques y hasta el polvo de los cimientos para comerciarlos a la vista de todos, casi con desenfado.
De los inmuebles que alguna vez existieron como cafetería o baños no sobrevivió ni la carpintería. El nivel de saqueo es tal que retiraron hasta el cableado de las instalaciones eléctricas. Incluso, se adueñaron de una meseta de cocina, la cual trasladaron íntegramente.
Este accionar demuestra el nivel de impunidad con que se acometió, y todavía se acomete, semejante agresión contra un espacio público que no contó con la debida protección.
Los factores de la comunidad fueron tibios e inoperantes a la hora de salvaguardar el parque, según reconoce el propio delegado de la Circunscripción.
Los vecinos alegan que en el lugar operaba un trabajador por cuenta propia con bastante sentido de pertenencia por la comunidad, pero al verse obligado a viajar al extranjero con cierta frecuencia decidió cerrar el negocio y cesar el contrato de arrendamiento. Pocos sospecharon que sellaría trágicamente el destino del lugar.
Para asombro de muchos el parque cuenta con un encargado que responde a la Empresa de Servicios Comunales, mas, nadie logra entender cuál función desempeña exactamente, al no atajar oportunamente tal latrocinio.
Durante mucho tiempo un proyecto sociocultural de gran arraigo e impacto en la comunidad realizó incontables gestiones para convertir el área en sede de la agrupación, lo que sin dudas le otorgaría una especie de nuevo renacer.
Pero cada intento de rescatar el sitio resultó fallido.
Hoy resulta difícil cuantificar las pérdidas económicas tras el continuo hurto y saqueo de la que ha sido víctima la instalación, tampoco asoma un responsable. Hasta este minuto a pocos parece importarle.
Sobre este tema regresaremos próximamente.
