«Como cambian los tiempos, Pelencho»: los quince azules
“Como cambian los tiempos, Pelencho”, así rezaba una vieja canción. La tarareo ahora, no para hablar del precio de la vida ni de la recarga del botelloncito de gas por Mercafull, que subió el doble. Nada de eso. La uso para referirme a un tema de actualidad: la celebración de los 15 años en varones.
No es lo que usted piensa. No vengo a quejarme de la inflación ni del gas. Vengo a contar algo que hasta hace poco era impensable: que un varón sople las velas de sus quince.
En mi generación ese aniversario estaba reservado para las muchachas. Con esa celebración, decían, se daba un vuelco: de adolescente a mujer. A los varones les estaba vetado el cumpleaños rosa. Era tabú. A ellos se les festejaban los 14 y después los 16, como si el 15 fuera un año que no les pertenecía.
Ahora es normal celebrar los 15 a los varones. Se les toman fotos, claro está. Imágenes normales, nada de poses artísticas como las que utilizan las jovencitas. Ya es normal el cumpleaños rosa para los varones, pero pintado de azul.
La escena se repite en diferentes espacios, patios, casas o como el de mi nieto que se hizo en la costa matancera. No hubo globos azules, ni mantel azul, pero si cake azul. Tampoco hubo traje, aunque si en las fotos previas.
El cumpleañero llego vestido normal, con un atuendo acorde al lugar playero, un poco nervioso, rodeado de amigos que gritan y familiares que lo abrazan. Hubo brindis, canciones y bailes.
Fue emotivo un vídeo que envió la madre que no se encuentra presente pero que confía en los que están a su lado. Anexo al vídeo sentimental llegó otro con diferentes momentos de la vida de Gabriel.
En medio de la fiesta, alguien dice: “En mis tiempos esto no se usaba”. Pero lo dice sin escándalo, casi con ternura, porque entiende que el mundo gira.
Las fotos no buscan el glamour de las quinceañeras. No hay abanicos ni vestidos largos, aunque a veces los haya, y está bien.
La estética es otra, más suelta, más simple, más azul. Pero el rito es el mismo, marcar un umbral. Cumplir 15 es asomarse a otra orilla.
Antes solo ellas cruzaban. Hoy ellos también.
¿Se perdió la tradición? No. Se transformó. El rosa no desapareció, se pintó de azul. Y la fiesta, más allá del color, sigue siendo eso, una manera de decir que la infancia queda atrás y que la vida adulta empieza a llamar a la puerta.
Como cambian los tiempos, Pelencho. La vieja canción tenía razón. Y en este presente, los quince azules de Gabriel ya no son una rareza, son una celebración más. Quizá porque los tiempos no solo cambian también nos enseñan que los rituales no son propiedad de nadie, son de quien los vive.
- Foto: Tomada de Cubadebate
